Ramiro Gómez / Copainalá
El mercado San Vicente Ferrer de Copainalá se ha convertido este día en los colores vivos, sabores y aromas por el Día de Muertos, un lugar donde los sentidos se despiertan con cada paso y la suavidad de los productos presentes.
Provenientes de diversas comunidades del municipio de Copainalá y de localidades vecinas como Chicoasén, Tecpatán, Ocotepec y Coapilla, ofrecen una variedad de productos tradicionales para la conmemoración de los fieles difuntos que celebra y preserva las raíces culturales de la región Mezcalapa.
Las flores de cempasúchil con su característico color naranja, son las más buscadas, decorando casi cada puesto y llenando el ambiente de un aroma distintivo que evoca el homenaje a las almas. Al lado, las flores cresta de gallo y otros elementos esenciales también tienen gran demanda. Además, los compradores encuentran cacate, castañas, calabazas, plátanos, dulces, panes, panelas, camotes, yucas y chayotes, necesarios para armar el altar que esperan la llegada de los seres queridos al mediodía de este viernes. Cada producto en el mercado es cultivado por manos locales, lo que no solo aporta calidad, sino también el sello del trabajo artesanal de las comunidades de Copainalá.
“El Día de Muertos aquí en Copainalá es una fiesta que no pierde su esencia. Los productos de cada altar tienen un significado y propósito, y estos días los habitantes se esmeran en encontrar lo mejor de la cosecha,” comenta don Ernesto López, un agricultor que cada año trae sus flores al mercado. La calidez con la que los clientes buscan, eligen y comparan los productos hace de este mercado un verdadero punto de encuentro donde conviven los recuerdos, la cultura y las tradiciones.
Los vendedores expresan satisfacción, no solo por el aumento de las ventas, sino por el continuo interés de la gente, desde niños hasta ancianos, por preparar altares en sus hogares. “No solo vienen de aquí, vienen de otros pueblos a comprar lo que necesitan para sus altares. Esta fiesta no se ha perdido, la tradición sigue viva,” afirma doña Alicia, que ofrece dulces y panes de receta antigua.
El mercado de San Vicente Ferrer se convierte en estos días en un recordatorio de la fortaleza de las tradiciones en la región Mezcalapa, donde la fiesta de las almas no solo honra a los que ya no están, sino que une a los vivos en una celebración que perdura en el tiempo y en el corazón de sus habitantes.










