Marco Alvarado / Diario de Chiapas
El rezago alimentario sigue siendo crítico en al menos una veintena de municipios del estado.
Los datos del Inegi muestran que aproximadamente el 27. 1 por ciento de la población de Chiapas vive en pobreza extrema, lo que significa que ni siquiera destinan todo su ingreso pueden adquirir la canasta alimentaria básica. Esto equivale a cerca de 1.7 millones de personas.
La carencia por falta de acceso a la alimentación nutritiva es un problema en 20 municipios específicos, que concentran más del 50 por ciento de la pobreza extrema del estado,
Entre los cuales están San Juan Cancuc, Chenalhó, Chanal y Aldama, donde la carencia alimentaria es casi total. También en Sabanilla, Salto de Agua y Zinacantán, este problema es persistente.
Para los habitantes de estas localidades, se trata de algo más que “sentir hambre”: estar malnutrido genera un ciclo de problemas físicos y sociales.
Al ser un problema crónico, en la población se observa baja talla y peso
La falta de micronutrientes afecta el desarrollo neurológico e intelectual, limitando el potencial de aprendizaje de los niños de por vida, como lo señala la organización Pacto por la Primera Infancia.
Además, una población con hambre tiene menor rendimiento laboral y mayor susceptibilidad a enfermedades, lo que perpetúa la trampa de la pobreza.
Para el ciclo 2025-2026, bajo el nuevo Plan Estatal de Desarrollo, el enfoque se ha centrado en el “Humanismo” y la “Prosperidad Compartida” mediante programas de Alimentación Escolar, con desayunos calientes en las escuelas de zonas indígenas y rurales de alta marginación, buscando asegurar al menos una comida completa al día para los estudiantes.
Otros esfuerzos provienen de Programas Federales, como la integración de programas como la Beca “Rita Cetina” y la Pensión para el Bienestar, que buscan inyectar efectivo directamente en los hogares más pobres para que puedan comprar alimentos.
Mientras que iniciativas como “Chiapas Puede” buscan atacar la raíz educativa de la pobreza.










