Especialistas advierten que el juego en la infancia no es ocio, sino la base del desarrollo cerebral, emocional y social durante los primeros años de vida
Ainer González / Cinthia Ruiz / Edén Gómez / Karla García / Marco Alvarado / Diseñador: Luis Méndez / Diario de Chiapas
En el día a día y en el imaginario colectivo, el juego de la infancia se ha reducido a un simple pasatiempo o un momento de distracción, pero para expertos y padres de familia, jugar es el trabajo más serio que un niño puede realizar.
En lugares como Chiapas, jugar no es una simple recomendación académico-pedagógica, sino un complejo social que no se apega al derecho constitucional de proteger a la niñez.
Por ejemplo, en Tuxtla Gutiérrez, la planeación de espacios públicos ha dejado fuera a uno de sus usuarios más importantes: las niñas y los niños. Así lo señala el arquitecto Joselini Díaz Torres, quien plantea la necesidad de incorporar la voz infantil en el diseño de parques y entornos urbanos.
Diseñar espacios para niñas y niños no es solo una cuestión urbana, es una decisión que impacta directamente en la salud pública, el desarrollo social y el futuro de las ciudades. En Chiapas, los espacios lúdicos bien pensados pueden influir en la conducta, el bienestar emocional y la forma en que las nuevas generaciones se relacionan con su entorno.
Construcción de la niñez
Por su parte, Brenda González, directora de la organización aeioTU en México, destacó que la actividad lúdica es el principal motor de aprendizaje y desarrollo durante los primeros cinco años de vida.
La especialista refiere que no se trata solo de entretenimiento, ya que existe una base científica sólida que respalda la importancia del juego. De acuerdo con González, las interacciones lúdicas son fundamentales para la construcción de la arquitectura cerebral.
Durante la primera infancia, el cerebro crea conexiones neuronales a una velocidad que no se repetirá en ninguna otra etapa de la vida.
Al jugar, los infantes no solo se divierten, sino que desarrollan pensamiento lógico al establecer roles y reglas, comunicación y narrativa, así como habilidades socioemocionales, aprendiendo a negociar, resolver conflictos y empatizar con otros.
“Aprendemos a ser humanos y a tener interacción social jugando. Es ahí donde los niños y niñas construyen su papel en el mundo”.
Una de las mayores ideas erróneas, considera, es que el desarrollo infantil requiere de juguetes costosos o tecnología de punta. La especialista es enfática: “la parte medular no es el objeto, sino la interacción”.
Incluso, reconoció que las herramientas pedagógicas más potentes suelen encontrarse en cajas de cartón, elementos naturales, papel y objetos del hogar que estimulan la imaginación.
“El papel del adulto no es comprar el juguete más caro, sino involucrarse activamente”, enfatizó.
Aunque González sostiene que la meta ideal debería ser que cada niño juegue al menos una hora al día como su actividad principal, para lograrlo, falta reeducar la perspectiva del adulto, porque el juego es aprendizaje.
Acceso a actividades lúdicas
La importancia de los espacios de esparcimiento y actividades lúdicas radica en que son el escenario principal donde los niños desarrollan habilidades cognitivas y sociales esenciales. Norma Meléndez comenta que, el acceso a juegos y áreas abiertas permite a los menores construir herramientas de regulación emocional y estrategias para la resolución de problemas.
Estos entornos no son solo recreativos, sino que funcionan como un soporte fundamental para que el niño aprenda a interactuar con su realidad de manera saludable.
Desde el punto de vista clínico, expuso que la carencia de estos espacios puede manifestarse en problemas severos durante el desarrollo.
“En consulta, es común observar que los niños que no tienen acceso a actividades lúdicas, presentan una menor tolerancia a la frustración y una tendencia al aislamiento social”.
Además, advierte que la privación de estos entornos de convivencia y movimiento físico aumenta el riesgo de padecer cuadros de ansiedad y depresión infantil, subrayando que el juego es una necesidad básica para la salud mental.
Más allá del bienestar emocional, la especialista plantea que el juego influye directamente en la motricidad fina y gruesa, lo cual tiene un impacto en la autopercepción y la seguridad del menor.
Al saltar, correr y convivir con sus pares, los niños combaten el sedentarismo y reducen la dependencia de las tecnologías, factores que suelen limitar su crecimiento integral.
Por ello, la especialista consideró que es imperativo que los padres fomenten el acceso a estos espacios, entendiendo que cada momento de juego es una oportunidad para fortalecer la arquitectura cerebral y emocional de sus hijos.
Planeación urbana
define a infancias
Dentro de este escenario, la arquitecta y artista visual Gricelda Mercado Trejo, reconoce que, durante la infancia, etapa donde se construyen las bases del desarrollo humano, los espacios juegan un papel determinante.
“Un entorno bien diseñado estimula habilidades motoras, cognitivas y sociales. Los materiales, las texturas y los recorridos forman parte del aprendizaje y permiten que los niños desarrollen autonomía”.
Desde esta perspectiva, mencionó que el diseño de parques y espacios públicos deja de ser un tema decorativo, intervenir en estos espacios implica atender problemáticas como el sedentarismo, el desarrollo emocional e incluso la prevención de conductas de riesgo. “Diseñar para niños es diseñar mejores ciudades”, expuso.
Sin embargo, advierte que actualmente muchos espacios priorizan la estética sobre la funcionalidad: parques visualmente atractivos, pero limitados en su capacidad de estimular la exploración.
“Se ha exagerado la seguridad al grado de restringir la espontaneidad. Los niños necesitan espacios que les permitan experimentar, no solo observar”.
La diferencia entre un espacio bonito y uno funcional radica en su uso real; mientras el primero responde a lo visual, el segundo considera la seguridad, la experiencia y la interacción. Un parque funcional se vive, se recorre y se adapta a la comunidad.
Por ello, la profesional reitera que diseñar pensando en niños también beneficia a otros sectores, generando ciudades más incluyentes.
“Cuando un espacio es accesible para un niño, también lo es para un adulto mayor o cualquier persona”.
INCLUIR A NIÑAS Y NIÑOS EN DISEÑO DE PARQUES PARA TRANSFORMAR
ESPACIOS PÚBLICOS
El arquitecto Joselini Díaz Torres subrayó que cada intervención debe responder a su contexto. No es lo mismo diseñar en zonas urbanas que rurales, donde las necesidades son distintas. En regiones cálidas como Tuxtla Gutiérrez, integrar naturaleza y confort térmico es clave para que estos espacios sean realmente utilizados.
Desde su perspectiva, el principal problema no es solo la falta de espacios adecuados, sino que estos se diseñan sin considerar la experiencia de la infancia. Advierte que “las ciudades están pensadas desde la mirada adulta, pero un niño ve el mundo a otra escala, detecta riesgos y necesidades distintas”.
En ese mismo sentido, destaca que ya existen modelos en otras ciudades del país, como la Ciudad de México y Monterrey, donde se han impulsado mecanismos de participación infantil, como consultas y presupuestos participativos, que permiten a niñas y niños opinar sobre cómo quieren sus parques y espacios públicos.
Estas iniciativas forman parte de una tendencia internacional que busca diseñar ciudades desde la perspectiva de la niñez. Programas como Urban95 promueven y hacen repensar el entorno urbano, considerando la experiencia de un niño pequeño, dejando en evidencias que muchas ciudades carecen de sombra, espacios seguros y áreas de juego accesibles.
Díaz Torres subraya que un parque infantil no debe limitarse a juegos tradicionales, sino integrar elementos naturales que fomenten la exploración y el aprendizaje.
“Los espacios deben incluir árboles, plantas, agua o arroyos; es ahí donde realmente se genera una experiencia significativa para la infancia”.
Ejemplos como el programa “Sembrando Parques” en la capital del país han apostado por la reforestación, la incorporación de miles de plantas y la recuperación de ecosistemas urbanos como parte del diseño de espacios públicos. Este enfoque, dijo, no solo mejora el entorno, sino que fortalece la convivencia y el desarrollo infantil.
Finalmente, el arquitecto consideró que replantear los espacios públicos desde la infancia implica también reducir desigualdades, recuperar el contacto con la naturaleza y garantizar el derecho al juego.
“Diseñar ciudades para niñas y niños no es un tema menor; es construir entornos más justos, seguros y sostenibles para todos”.
Por tanto, los profesionales y especialistas reiteran que es necesario y oportuno invertir en espacios públicos que fomenten el juego, porque estos espacios lo requieren.
De tal manera, estos espacios no deben considerarse un lujo, sino una responsabilidad social. Crear entornos donde la infancia pueda desarrollarse plenamente no solo mejora su calidad de vida, sino que construye comunidades más conscientes.
Al final, apostar por estos espacios para la infancia no es únicamente pensar en el presente, sino en el tipo de sociedad que se está formando.










