Vibra la CDMX con gran desfile

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El Gran Desfile Mundialista, “La pelota vuelve a casa”, convirtió durante casi cuatro horas la avenida Paseo de Reforma en una gigantesca verbena popular y múltiples mosaicos de historia, cultura y arte mexicanos.

Cerca de las 13:20 horas, llegó a la glorieta de la fuente de “La Diana cazadora” la jefa de gobierno, Clara Brugada, quien luego de un conato de silvidos y abucheo, ordenó retirar el atril donde se suponía daría un mensaje, y de inmediato se puso al frente del desfile.

Recorriendo la historia de México

Danzantes con penachos prehispánicos, disfraces de mariposas monarca, luciérnagas, catrinas, inflables de las mascotas mundialistas “Juanito 70” y “Pique 86”, calaveras cabezonas, “Fridas” Kahlo, alebrijes y carros alegóricos, con homenajes al juego de pelota azteca, Pelé y Maradona.

“La estamos pasando genial, nos encontramos recibido a todos los turistas, dando la bienvenida al mundo, es nuestra tercera copa del mundo, así le abrimos las puertas a México”, compartió el colectivo Catrinas Click.

Todos estos personajes y figuras de la cultura mexicana desfilaron para el mundo más de tres kilómetros, de la glorieta de la Diana Cazadora, hasta Plaza de la República y la explanada del Monumento a la Revolución.

Un mundial con toque cultural

Entre exclamaciones y gritos de “¡México, México!” a cada vuelta que se daban las figuras durante la caminata, así como entonaciones del “Cielito Lindo”, miles de asistentes nacionales y extranjeros acompañaron el desfile.

“Nos quedamos sin palabras por tanto apoyo de la gente y creo que voltear y ver a tanta gente, gente gritándote como que pues no se puede en lo personal. Nunca me imaginé llegar hasta aquí”, dijo Saraí Ríos y Andrea Moreno, bailarinas del recorrido.

El verde, blanco y rojo de las banderas; playeras, mantas y cornetas cobraba mayor realce con la brillantez de los amarillos, rosas naranjas y azules o turquesas de los alebrijes que hacían el deleite de niñas, niños, adolescentes y jóvenes.

Sigue la fiebre futbolera

Finalmente, y pasadas las 16:00 horas el arribo a la explanada del Monumento a la Revolución, de los gigantescos inflables con las figuras de la serpiente emplumada Quetzalcóatl y Ajologol, anunciaron el final de este Gran Desfile Mundialista.

Nada empañó el legítimo derecho de querer sentirse bien, de contagiarse y abandonarse al disfrute como en una marea de vacantes, de una alegría futbolera, aunque sea fugaz.

“(Me gustó) exaltar la cultura mexicana y celebrar y dar a conocer cada una de las regiones que tenemos, porque como somos un país rico en cultura y muchas materias. Al final del día esto es historia”, expresó Gabriela Vigil, asistente del desfile.

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