El Chichonal nos pone en alerta

Lo que son las cosas: cuando el volcán Chichonal o Chichón hizo erupción en Chiapas, el gobernador Eduardo Ramírez Aguilar tenía apenas nueve años. En esta entidad, quienes vivieron esa tragedia y hoy siguen en este mundo conocen el miedo que les infundió aquella noche del 28 de marzo de 1982.

A la fecha, nadie conoce con certeza el saldo rojo que arrojó la erupción del coloso en cuanto a pérdidas humanas, ni los terribles daños que provocó a la población que vivía en las comunidades y municipios colindantes con el volcán, en la zona norte del estado.

De lo que se tiene memoria, a finales del siglo pasado y en lo que va del XXI, es que el desastre fue devastador. Entidades como Chiapas, Tabasco y Veracruz fueron testigos de sus repercusiones, pero en esta entidad, a miles el suceso les marcó la vida.

Por ello, desde hace tres meses que se vienen registrando temblores “atípicos” en la zona donde se ubica el coloso, la preocupación ha vuelto entre la población que habita municipios como Chapultenango, Francisco León y comunidades como El Naranjo y Nicapa.

La zozobra ha regresado con mayor fuerza y, por ello, desde hace semanas especialistas mantienen un monitoreo constante del volcán. Incluso, personal proveniente de la Ciudad de México ha realizado recorridos en los alrededores para estudiar las posibles consecuencias de una nueva erupción, que —a decir de los viejos pobladores de la zona— no se descarta, aunque este hecho no esté comprobado científicamente.

Hoy, esta posibilidad no la descartan ni siquiera los gobiernos federal y estatal. Tan es así que el jueves pasado la Coordinadora Nacional de Protección Civil, Laura Velázquez, y el gobernador Eduardo Ramírez Aguilar viajaron al municipio de Chapultenango, donde refrendaron la coordinación interinstitucional, enfocada en reforzar acciones preventivas “ante el riesgo volcánico en El Chichón”.

No se trata de asustar a nadie, pero sí de tener en cuenta que el despertar del coloso nuevamente es una posibilidad. Que se tomen las previsiones del caso dice mucho del interés de los gobernantes por su pueblo y, además, indica que no hay que descartar ningún escenario.

Al contrario, estar atentos para tomar las mejores decisiones en momentos de pánico es algo que se debe agradecer. Y aunque esa es la función de un gobierno, lo que afirma el gobernador —“salvaguardar el patrimonio, la integridad y la vida de las personas ante cualquier eventualidad”— es lo mejor que puede hacer quien no solo gobierna, sino que también protege a su gente.

Insistimos: no se trata de provocar alarma, sino de reconocer que la realidad de una posible erupción está latente. Cuando ocurriría, eso no se sabe, pero qué mejor que se trabaje desde ahora en rutas de evacuación, caminos rehabilitados y albergues para responder ante una posible contingencia.

Asimismo, se puntualizó que no se bajará la guardia y que continuarán las tareas de monitoreo permanente, así como el fortalecimiento de los protocolos preventivos. Se exhortó a la población, a las autoridades municipales y a quienes visitan el volcán —considerado un atractivo turístico— a atender las recomendaciones de Protección Civil para evitar situaciones de riesgo.

Los datos que dio a conocer Laura Velázquez sí llaman la atención y explican la preocupación: de junio a septiembre del presente año se contabilizaron 3 mil 787 sismos. Esto comprueba que no eran exageraciones lo que se decía en los pueblos sobre que el coloso “tronaba”.

Hoy se sabe que se fortalece la capacidad de monitoreo con la instalación de un sistema de medición de gases volcánicos y una cámara con transmisión en tiempo real en las inmediaciones del cráter.

Si así están las cosas, es positivo que la población conozca las rutas de evacuación y, sobre todo, que no se exponga innecesariamente. Por lo pronto, la atención de los gobiernos federal y estatal está a la vista, y eso es bueno, para que después no se tergiverse la realidad de los hechos.

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