El Benemérito de las américas y los hombres de reforma.

“LA HISTORIA ES UNA, DEPENDE QUIEN LA ESCRIBA Y QUIEN LA LEA”

*Virgilio A. Arias Ramírez

México debe seguir sosteniendo la frese del Benemérito de Las Américas: “Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la Paz”. Y el conflicto bélico que aún no termina entre Rusia y Ucrania iniciada el 23 de febrero son una razón, ante la posibilidad de que nuevamente surja la tercera guerra mundial de suma gravedad, ahora que en el mundo en noviembre del 2022 llegó a los 8.000 millones de habitantes según, datos de las Naciones Unidas (ONU)

Leyendo algo de las muchas obras acerca de don Benito Juárez, uno bien se podría preguntar: ¿Fue una Leyenda? No, afortunadamente, según muchos historiadores él fue quien logró la Segunda Independencia de México. Indudablemente que las comparaciones son odiosas por lo que no es necesario mencionar a otros héroes, pero sí considerar las circunstancias de esos difíciles tiempos que imperaba la ley del más fuerte. El 21 de marzo se cumplieran 217 años de su nacimiento, en la sierra de Ixtlán Oaxaca, donde quedó huérfano a los tres años de edad.

En la larga historia de México en torno a las Leyes de Reforma y la Intervención Francesa, nacionales y extranjeros de todas las tendencias ideológicas, han escrito algo de la dimensión del estadista Benito Juárez. En la biblioteca de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, hay un compendio editado en los años setenta con más de 1,200 obras que se ocupan de la vida y los hechos del Benemérito de la patria. Y no fue un caso aislado en esa época dramática en la vida de los mexicanos, por eso la Universidad “Benito Juárez” de Oaxaca publicó los nombres de oaxaqueños, de la generación del 57 y fueron: Benito Juárez, Porfirio Díaz, Marcos Pérez, José María Díaz Ordaz, Manuel Ruiz, José Justo Benítez, Ignacio Mejía, Ignacio Mariscal, Matías Romero, Félix Romero y José María del Castillo Velasco.

Y respecto a Juárez, en la ley encontró su arma y su custodia. “Se trata de la vida de un hombre –dice Gustavo Baz- cuya misión fue trastornar todos los intereses sociales, y que convirtió las leyes en verdades y las verdades en teorías”. Se requiere aquilatar la energía y el sacrificado esfuerzo que tuvo que extraer de sí mismo para imponer sus ideales de justicia. La comprensión de esta excepcional tarea lo entrega a la Historia simplemente como lo que fue en su senda luminosa: el gran capitán de nuestra segunda independencia

LA REVOLUCIÓN DE AYUTLA.

“La emisión de las ideas por la prensa debe ser tan libre, como es libre en el hombre la facultad de pensar”.

Benito Juárez

Los inicios de la trayectoria de Juárez, se da cuando siendo gobernador de Oaxaca se une al Plan de Ayutla del 1º. de marzo de 1854 encabezada por don Juan Álvarez Hurtado, Ignacio Comonfort de los Ríos y Florencio Villarreal (nacido en Cuba), revolución que lograría expulsar del poder al dictador Antonio López de Santa Anna, que se hacía llamar “Su alteza Serenísima”, Lucas Alamán su tutor y partidario de una monarquía, había fallecido un año antes. Al llamado del Congreso Jalisciense que convoco al pueblo a luchar, inmediatamente alzo la mano el Congreso de Chiapas, siendo su presidente don Ángel Albino Corzo Castillejo.

Dicen las crónicas que una noche lluviosa llegó hasta la finca La Providencia, Gro.  propiedad del general Juan Álvarez, una persona con la ropa y los zapatos hechos trizas, quien dijo que se quería unir al movimiento, se presentó con Diego Álvarez hijo del general, que instruyó: “denle de comer a este hombre, ropa y calzado” y le preguntó si sabía leer y escribir, la respuesta fue sí. Y desde ese día atendió la correspondencia del general Álvarez, agregando la respuesta en cada caso. Pasado algunos días don Diego le preguntó ¿a propósito cómo se llama? y él modestamente contestó Benito Juárez, sorprendido por la respuesta volvió a preguntarle: ¿el que fue gobernador de Oaxaca? Sí dijo, y otra vez don Diego: ¿por qué no lo había dicho? “Porque no me lo había preguntado señor”.

Al triunfar la Revolución, el general Juan Álvarez Hurtado, fue nombrado presidente interino del 4 de octubre al 11 de noviembre de 1855, y establece su gobierno en la Ciudad de Cuernavaca, es decir, que se convierte en la capital de la República.  Y el Congreso Constituyente, nombra presidente interino de México al general Ignacio Comonfort del 11 de diciembre de 1855 al 30 de noviembre de 1857 y constitucional del 1º. de diciembre de 1857 al 21 de enero de 1858. El Lic. Benito Juárez se convierte en presidente interino del 18 de diciembre de 1857 al 30 de noviembre de 1861, al darse el autogolpe de Ignacio Comonfort quien se arrepintió y se unió al Plan de Tacubaya, encabezado por Félix María Zuluaga, apoyado por el clero y el ejército, porque vieron afectados sus intereses políticos y económicos, debido a las leyes promulgadas por el mismo Comonfort.

LAS LEYES DE REFORMA

“haya energía para cumplir la ley; esto bastará para que la nación se salve y sea feliz”

Benito Juárez.

A partir de esa fecha, se forma un grupo de mexicanos nacionalistas que encabeza el nuevo presidente Benito Juárez desde 1857, luego con las iniciativas de las Leyes de Reforma y la Intervención Francesa, se considera que en cierta forma surgen dos corrientes de liberales: radicales y moderados, pero todos fueron magistrales políticos de su tiempo, mexicanos visionarios que proyectaron un país democrático.

México adoptó, entre 1857 y 1860, al liberalismo como guía y método para alcanzar una sociedad más justa y desarrollada. Hoy, a más de siglo y medio, el liberalismo está firmemente afianzado, abarcando todas sus expresiones: en lo político, económico, cultural y sobre todo, en la conciencia y en el pensamiento. Esta Justificación de las Leyes de Reforma —documento esencial de la historia de México— permite recordar a la generación de hombres, encabezados por Juárez, que se atrevieron a luchar y soñar en una República.

Un 22 de abril de 1856 el Congreso de la Unión aprobó la Ley Juárez, sobre la abolición de los fueros y en la álgida Sesión del 5 de agosto en que se votó el Proyecto de Constitución que en su artículo 15 decía: “No se expedirá en la República ninguna ley ni orden de autoridad que prohíba o impida el ejercicio de ningún culto religioso”, el proyecto fue desechado por 65 votos nominales, y 44 diputados votaron en pro de la tolerancia de cultos, entre ellos: Benito Gómez Farías, Jesús Anaya Hermosillo, Ponciano Arriaga, Miguel Azua, Matías Castellanos, Santos Degollado, Francisco Díaz Barriga, Joaquín García Granados, Ignacio Herrera y Cairo, José María Mata, Manuel de la Peña y Ramírez, Ignacio Ramírez “El Nigromante”, Manuel Romero Rubio, Francisco Zarco, José Zetina…  

Los 65 diputados “liberales puros” que votaron en contra de la tolerancia de cultos fueron: Manuel Ruiz, Guillermo Prieto, José Justo Álvarez, Pedro Baranda, Manuel Buenrostro, Joaquín Degollado, José Empara, Juan Antonio de la Fuente, Manuel Guerrero, José María la Fragua, Ignacio Mariscal, Juan N. Navarro, José Noriega, Ignacio Sierra, Ignacio L. Vallarta, entre otros …

Observamos que muchos destacados juaristas, no aparecen en ninguno de los dos grupos, porque no eran diputados, estaban en el gabinete, en acciones militares o como gobernadores en sus estados, por ejemplo: Melchor Ocampo, Sebastián Lerdo de Tejada, Manuel Doblado, Ignacio Zaragoza Seguí, Ángel Albino Corzo Castillejo, Manuel Payno, Porfirio Díaz Mori, Matías Romero, Mariano Escobedo, Ramón Corona, Ignacio Comonfort, Ignacio de la Llave, Manuel Gutiérrez Zamora, Miguel Negrete, Epitacio Huerta Solorio, Nicolás Regules Cano, José Ma. Iglesia y Calderón, Juan N. Méndez Sánchez, Juan Francisco Lucas, Juan C. Bonilla,  y Sostenes Rocha.

Y también liberales con el grado de Coronel que después se ubicaron en uno u otro bando ellos fueron: Ignacio Manuel Altamirano, Juan de Dios Arias, Pedro Rincón Gallardo, Miguel Palacios, Vicente Riva Palacio, Francisco P. Méndez, Jerónimo Treviño, Francisco A. Vélez, Ignacio R. Alatorre, Silvestre Aranda, Manuel Márquez de León, Antonio Carbajal, Benigno Canto, Antonio Neri, Aureliano Rivera, Pedro Martínez, Amado A. Guadarrama, Florencio Antillón, Francisco A. Arce, Vicente Jiménez, Ignacio Zepeda, Francisco Naranjo, Refugio González, Francisco de Lamadrid, Miguel Palacios, Francisco P. Méndez, Florencio Mercado, Rosalío Banda, Felipe Torres, Andrés Fernández.

Ante la aprobación de esta Ley, la iglesia mexicana reaccionó de manera airada, a tal grado que el obispo de Puebla Pelagio Antonio Labastida y Dávalos, el 15 de mayo en exposición dirigida a Comonfort, estando en Jalapa rumbo a su exilio dijo: “Con bastante dolor veo que el pueblo cristiano mira con desprecio que se atente contra los bienes eclesiásticos”. Y agregó: “Multitud de personas de todas las clases de la sociedad que han ocurrido a mis pláticas, pueden testificarlo.

Pero no solo eso, cuando Comonfort envío a Ezequiel Montes como embajador de Roma para arreglar los asuntos eclesiásticos, el Papa Pío IX no lo recibió y en México varios dignatarios del alto clero huyeron, sin embargo, durante la odisea juarista el presidente recibía muchas cartas de sacerdotes del país que le manifestaban su apoyo, lo que ayudo el triunfo de las leyes de Reforma.

No cabe la menor duda de que, quienes integraron las históricas Leyes de Reforma desde el puerto de Veracruz, el 7 de julio de 1859, fueron mexicanos de amplia cultura que les permitió redactar uno de los documentos políticos más importantes en la historia de México, ideales para establecer un gobierno democrático. Es una síntesis del pensamiento liberal mexicano que no fue nada fácil su justificación, incluso con apasionados debates entre sus redactores: Benito Juárez, Miguel Lerdo de Tejada, Melchor Ocampo y Manuel Ruiz, principalmente contra los bienes de la iglesia por estar financiando guerras contra el gobierno constitucional, Ruiz asentó que después de muchas discusiones y profundas reflexiones, Juárez tuvo que admitir la acertada postura de Lerdo de Tejada, cuando dijo: “ahora o nunca presidente” y entonces Juárez sentenció: “más vale una guerra por todas la Leyes que publiquemos y no una cada vez que decretemos una”.

La importancia de estas leyes que aún tienen vigencia en la República, lo vemos en el párrafo siguiente: “En otras palabras, con este texto se comprobará que Juárez, Ocampo, Lerdo y Ruiz no sólo fueron magistrales políticos de su tiempo, sino visionarios estadistas que anticiparon el país en el que hoy vivimos. México adoptó, entre 1857 y 1860, al liberalismo como guía y método para alcanzar una sociedad más justa y desarrollada. Esta Justificación de las Leyes de Reforma —documento esencial de la historia de México— permite recordar a la generación de hombres encabezados por Juárez, quienes se atrevieron a luchar y soñar en un México mejor” …

*Vicepresidente de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística y Secretario General del Club de Periodistas Primera Plan

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