En la actualidad, Hachiko es un símbolo universal de fidelidad y una muestra del cariño que los perros sienten hacia sus amos.
Hachiko era un perro Akita, una raza japonesa muy apreciada por su lealtad, a tal grado que era una mascota popular y un signo de estatus entre los samuráis. Hachiko nació en 1923 y fue adoptado por Hidesaburo Ueno, un profesor universitario de Tokio con quien desarrolló uno de los vínculos más fuertes conocidos entre un perro y su dueño. La historia de esta pareja es una de las más tiernas que puedas conocer.
Un 10 de noviembre de 1923 en Tokio, nació el fiel Hachiko. RT si la película inspirada en él te llegó al corazón. pic.twitter.com/rRju5ZR0Iu
— Cinépolis (@Cinepolis) November 11, 2014
Historia de Hachiko
Hidesaburo Ueno era un agrónomo que impartía clases en la Universidad de Tokio. En 1924 encontró a un cachorro que sufría una desviación en las patas delanteras. Al principio no quería quedárselo, sin embargo, sintió piedad y simpatía por el animal y decidió llamarlo Hachi, en referencia al término nipón que designa al ocho.
Hachiko nació el 10 de noviembre de 1923 en una granja situada en la prefectura japonesa de Akita.
Pronto, ambos desarrollaron una amistad muy cercana. Todos los días, Hachiko acompañaba al profesor a la estación de trenes de Shibuya y lo esperaba cuando éste volvía de su trabajo, a las 3 de la tarde en punto. El animal comenzó a ganar fama debido a ello. Su gesto de devoción no pasaba desapercibido para nadie.
Una dolorosa separación
Sin embargo, la muerte alcanzó al profesor Shibuya y un 21 de mayo de 1925 falleció víctima de una hemorragia cerebral mientras daba clases.
Fiel a su costumbre, Hachiko lo fue a esperar a la estación a las 3 de la tarde. A pesar de que su amo nunca más se presentó, el Akita nunca faltó a su cita en la estación de trenes: todos los días, entre 1925 y 1935, el perro esperaba con la esperanza de que su amo muerto regresara.
Quienes veían al perro se sentían conmovidos. Hachiko comenzó a recibir la atención y los cuidados de quienes laboraban en la estación de trenes, quienes le daban cariños y comida al perro Akita.
El estudiante que cuidó a Hachiko
Su presencia tuvo un gran impacto en la comunidad local de Shibuya y se convirtió en una especie de icono. Uno de los antiguos alumnos del profesor Ueno, Hirokichi Saito, que resultó ser también un experto en la raza Akita, se enteró de la historia del perro. Decidió tomar un tren a Shibuya para ver si la mascota de su profesor seguía esperando.
Cuando llegó, vio a Hachiko. Siguió al perro desde la estación hasta la casa del antiguo jardinero de Ueno, Kuzaburo Kobayashi. Allí, Kobayashi le contó la historia de Hachiko.
Poco después, Saito publicó un censo de perros Akita en Japón. Descubrió que solo había 30 Akitas de raza pura documentados, uno de los cuales era Hachiko.
Símbolo de lealtad
Hirokichi Saito estaba tan intrigado por la historia del perro que publicó varios artículos sobre él. En 1932, uno de sus textos se publicó en el diario Asahi Shimbun, y la historia de Hachiko se extendió por todo Japón.
Pronto, personas de todo el país acudieron a Shibuya a visitar a Hachiko, que para entonces ya era un símbolo de lealtad y una especie de amuleto de la buena suerte.
En abril de 1934 se erigió una estatua en su honor para reconocer su fidelidad. El propio Hachiko estuvo presente en la ceremonia de develación. Al acto acudieron altos dignatarios, además de Kishi Kazutoshi, autor de un libro sobre su historia, y Sakano Hisako, sobrina del profesor Ueno.
El adiós de Hachiko
Nuestro canino protagonista murió al año siguiente, el 8 de marzo de 1935, a la edad de 11 años. Se hallaba en la estación ferroviaria en aquel momento. Los científicos, que no pudieron determinar la causa de su muerte hasta 2011, descubrieron que el perro probablemente murió de una infección de filaria y de cáncer.
Incluso tenía cuatro brochetas de yakitori en el estómago, pero los investigadores concluyeron que no fueron la causa de la muerte de Hachiko.
El fallecimiento del Akita fue noticia a nivel nacional. Fue incinerado y sus cenizas se colocaron junto a la tumba del profesor Ueno en el cementerio de Aoyama, en Tokio. Su piel se disecó para exhibirse en el Museo de Ciencias Naturales de Tokio.
Con información de Muy Interesante / Cinepolis










