- Los controles de Migración en la frontera con Guatemala se reforzaron, mientras que los estadunidenses comienzan a invadir el Caribe sin restricciones
La actitud frente al covid-19 contrasta de manera abismal en dos puntos de la frontera sur del país, distante apenas mil 290 kilómetros un punto del otro. Eso si se recorren por carretera. En línea recta, por avión, son apenas 901 kilómetros.
Hasta los colores cambian: en Cancún, Quintana Roo, predominan los colores brillantes, chillantes, de camisetas, bermudas y pareos, en contraste con el sol brillante y el turquesa de las aguas del Caribe mexicano.
En Tapachula, Chiapas, en cambio, la ropa con la que llegan los migrantes centroamericanos que tratan de cruzar hacia México, para emprender un largo viaje hacia la frontera con Estados Unidos, es oscura, como si trataran de camuflarse con la vegetación y la corriente fría del río Suchiate.
Es la frontera sur de México, abierta sin restricciones para todos los que quieran vacacionar en la Riviera Maya, donde parece que el coronavirus desapareció por arte de magia, porque llegan con dólares aunque sin cubrebocas y kilómetros más abajo, en Chiapas, cerrada y cada vez con más obstáculos para quienes intenten entrar con el fin de llevar a cabo actividades “no esenciales” en el territorio mexicano.
Con información de MILENIO










