El oportunismo de Roberto Albores Gleason, en toda su expresión; apenas este miércoles, el expriista se coló en las oficinas de enlace en Chiapas de Adán Augusto López Hernández; y después, este jueves se reunió con Manuel Velasco Coello; para ver si por algún lado le tiran “un hueso”.
Quedó tan desorientado después de la paliza que le dieron en 2018, que hoy no tiene rumbo ni brújula. Lo mismo le da “arrimarse” a Morena que al Partido Verde Ecologista de México (PVEM); busca donde puede, desesperado, porque los tiempos se acortan y ya se dio cuenta que sin el PRI no representa nada.
Sin estructura, sin partido y con el tufo de la derrota, nada queda del soberbio Albores Gleason que ya se creía gobernador de Chiapas; hoy pide a gritos que el “tucán” o la Cuarta Transformación lo adopten. Que le den alojo, para que no quede al descubierto que su renuncia al PRI fue “como la caca del perico”.
Vergüenza es para sus formadores políticos, el cinismo con el que se conduce luego de haber abandonado el partido que lo vio crecer, y por el que no hizo nada: ni siquiera fortalecer la militancia ni los liderazgos a los que criticó al salir por la puerta de atrás.
Pensó que, con su renuncia, su nombre sonaría como una gran oferta, pero hoy no sale ni en rifa. Las corcholatas se toman la foto como un acto compasivo, porque de promesa política, no tiene nada. En este juego, Roberto Albores Gleason pasó de candidato a gobernador a mercenario de la política que se vende al mejor postor.











