Ramiro Gómez / Corresponsal
Desde hace 15 días comenzaron los preparativos para la tradicional fiesta de Todos los Santos y Fieles Difuntos en el panteón municipal de Copainalá, donde se espera la asistencia de aproximadamente 5 mil personas, provenientes de ciudades y municipios como Tuxtla Gutiérrez, San Cristóbal de las Casas, Comitán, Coapilla, Tecpatán y otras regiones del estado de Chiapas, según informó el panteonero Armando Espinosa López.
Detalló que a partir del 1 de noviembre, comienzan a llegar personas de distintas comunidades para convivir con sus seres queridos fallecidos. El 2 de noviembre, desde las tres de la madrugada, los visitantes arriban al panteón para encender velas en honor a sus muertos. Esta emotiva jornada se acompaña de comida, bebidas y música, que va desde marimba, mariachi y banda de viento, hasta los sonidos tradicionales del tambor y la flauta de carrizo.
Espinosa López compartió que los bullicios y los sonidos de los instrumentos musicales alegran los corazones de quienes asisten, convirtiendo el camposanto en un espacio de encuentro, memoria y celebración durante estos dos días tan significativos. Por ello, desde hace semanas se ha trabajado intensamente en la limpieza y arreglo del panteón, con el propósito de ofrecer a los visitantes un lugar limpio, digno y seguro.
Asimismo, reconoció la labor de las autoridades municipales que han sumado esfuerzos en esta preparación. Destacó la participación de la contadora Patricia Arévalo, presidenta del Sistema DIF Municipal de Copainalá, así como el interés del alcalde Carlos Cruz Cruz, quienes han impulsado la mejora de la imagen del panteón, la rehabilitación de los baños y la adecuación de los espacios comunes.
“Ya llevamos dos semanas de trabajo; se mejoró la imagen de la entrada del panteón y se rehabilitaron los baños. La verdad, nos han apoyado mucho. Tal vez no sean grandes acciones, pero son muy significativas. Sin su colaboración, no podríamos avanzar tan rápido”, señaló Espinosa López.
Cada año, esta fiesta representa un momento importante para compartir con los vivos y honrar a los muertos. Las bebidas, la música y las velas encendidas crean una atmósfera única que se va desvaneciendo lentamente con la llegada del amanecer, mientras el bullicio de los visitantes envuelve el camposanto en un ambiente de respeto y alegría.
Finalmente, al caer la tarde del dos de noviembre, los visitantes se van despidiendo de sus muertos, dejando las risas, cantos y plegarias, hasta que poco a poco el camposanto vuelve a quedar en silencio, tal como se encontraba antes de la fiesta de las almas en el pueblo mágico de Copainalá.













