‘Pagre Piegra’, de Armando Duvalier

José Natarén

Tuxtla Gutiérrez, Chiapas

Lo insólito y mágico en la narrativa Duvalierana

En Pagre Piegra, de Armando Duvalier, podemos identificar de forma implícita, una cuestión controversial: la romantización -que no vindicación- de la visión del mundo de los pueblos originarios y la negación de la realidad concreta y material de los sujetos indígenas.

¿Cómo observar el pasado y presente de las culturas precolombinas? Que además son numerosas y más en Chiapas. ¿Cómo contemplar a la Coatlicue, a Chac Mool o a la tumba de Pakal?

Como el turista ingenuo o el científico ciego, o como copartícipes de una realidad aparte, en la que los seres y los nombres, las palabras y las cosas son momentos de un vaivén de orden mítico, donde las fuerzas cósmicas se encarnan en estatuas?

Pienso en triple respuesta desde la literatura: toda la obra de Carlos Castaneda; “Chac Mool” del maestro Carlos Fuentes y, en el ámbito local: Pagre Piegra. Tres manifestaciones de lo insólito y mágico, aquello que disloca el recatado curso de los días en relación con estatuas sagradas. Queremos escuchar a los antiguos y a las deidades buscando nuestra propia comprensión. Armando Duvalier lo supo. Al parecer, Pagre Piegra no es el único texto en el que el Duvalier se ocupa de lo extraordinario, por encima del orden natural. También lo hace en “El flautista maya”.

Bien sabemos que, a partir del siglo XVI, comenzó la destrucción de los vestigios culturales y materiales de los pueblos precolombinos, en especial, la eliminación de todo objeto de culto y fuente de conocimiento de las tradiciones prehispánicas, fundamentos de realidades históricas, sociales y económicas, a la par de la obra “redentora” de los que trajeron teología y viruela, como la gramática del castellano, nuestra lengua. Las deidades se redujeron a meros objetos de estudio, exhibidos en salas de museos sin mayor significación, como expresiones de la sensibilidad artística de los pueblos. Profanación de lo sagrado.

La historia, abundante en imágenes poéticas enlazadas en una narración que oscila entre los diálogos de los personajes y la presencia del narrador, comienza con el descubrimiento de la piedra, el cuerpo de una deidad tutelar revelada desde la época de los primeros padres. Como tal, y en, fue nombrado como Pagre Piegra.

En el texto, Duvalier escribe de dos vocablos usuales en la expresión oral posterior a la Conquista: piegra y ladinos; sin embargo, el autor se distancia de todos los relatos y textos de marcado acento regionalista; no celebra esta forma del habla, solo la presenta. No considero que entre las intenciones principales se encuentre preponderar alguna noción de identidad, de lo chiapaneco ¿Qué identidad? o ¿qué sería “lo chiapaneco”? Creo que al maestro Duvalier le interesó más el estudio de las métricas hispanas y los riesgos de las vanguardias literarias, además de la exploración de registros poéticos, cuyo aporte, por cierto, aún no se ha estudiado seria, sistemáticamente.

Armando Duvalier desarrolla el relato en los 40 del siglo XX, cuando fue fundador y director del Museo Regional de Antropología e Historia de Chiapas. Es pertinente señalar que, la primera edición del libro, fue publicada bajo el sello del Bloque de Obreros Intelectuales e incluyó grabados de Ramiro Jiménez Pozo, en ese tiempo secretario de Duvalier en el Museo de Antropología. Gracias a Pagre Piegra, se hizo acreedor al Premio Nacional de Cuento otorgado por el diario El Nacional en 1957 y destacar la posterior traducción al inglés, a cargo de Keith A. Dixon, publicada por la Universidad de Arizona en 1964.

Fuente: DUVALIER, Armando. “Pagre Piegra”, Textos en español e inglés. Edición facsimilar, traducido por Keith A. Dixon; ilustrado por Ramiro Jiménez Pozo. Dirección General de Publicaciones del Coneculta-Chiapas, 2018, 61 pp.

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