Marco Alvarado/Diario de Chiapas
En el marco de la 107 Jornada Mundial del Migrante y Refugiado, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), a través de la Dimensión Episcopal de Pastoral de la Movilidad Humana, destacó la necesidad de “abrir nuestros corazones y derribar los muros de la discriminación, de los prejuicios, y el rechazo a quienes más sufren”, en el contexto de la actual crisis migratoria en el país.
Sin embargo, alertaron que en un mundo amenazado por el odio, la exclusión y la división, las personas marginadas no tienen voz ni rostro.
“Las personas migrantes, quienes solicitan asilo y refugio, y quienes son víctimas de desplazamiento forzado interno, también tienen sueños por cumplir”, enfatizaron.
También reiteraron el llamado al Estado mexicano, y a la sociedad en general, para no criminalizar a quienes caminan y transitan por las calles, parroquias y diócesis, a esas personas migrantes que huyen de la represión y el dolor, que buscan la libertad que no pueden encontrar en sus países de origen.
“Como Iglesia exhortamos al gobierno mexicano a abandonar la política migratoria de brazos armados y recuperar nuestra tradición de país de brazos abiertos para acoger, proteger, promover e integrar a las personas migrantes, de manera que todos unidos formemos un nosotros cada vez más grande, donde haya espacio y oportunidades para todos”, enfatizaron.










