J Roberto Morales Figueroa
Lo que nos salva
“Lo único que nos salva como planeta, como país, pero sobre todo como personas, está en los libros.” – (Jorge F Hernández – Escritor mexicano)
En México, si no está papel, no vale. Desde las actas de nacimiento y defunción, hasta las actas de matrimonio y divorcio, incluso los acuerdos y desacuerdos matrimoniales, si no están en papel no jalan. Si el médico no va anotando mi historia clínica cuando le digo que llevo varios días constipado no me da confianza. Las tres principales religiones en el mundo, fincan su fe en la palabra escrita. Lo importante está en el papel.
Cosa curiosa lo que sucedió hace unos días, uno de los grandes ideólogos de la política mexicana twitteó – ¿o será ya “equiseó”? – un acuerdo político firmado por miembros destacados de varios partidos. Ya ahogado el niño, quiso tapar el pozo diciendo que: “La política debe ser transparente a la luz del día y a la vista de todos (…)”. En dos arrebatos de inmadurez, primero la exhibición y luego una pretendida justificación, causó un enorme daño a la coalición a la que pertenece. Pero bueno, esa será materia de otra columna.
Vuelvo al tema, la lectura fortalece el criterio, amplía la perspectiva, fomenta la curiosidad y mejora la comprensión, no solo de lo que se lee, sino, más importante aún, de lo que se vive. Estimula el razonamiento y desarrolla la capacidad del pensamiento crítico. Los libros son vitales en el mundo, no necesariamente poseerlos, sino leerlos. Ojo aquí, los libros y la política no son incompatibles; Lombardo Toledano, Reyes Heroles (padre), Vasconcelos, Gómez Morín y Muñoz Ledo pueden dar fe de ello.
Lamentablemente, hoy día, algunos políticos en México ni siquiera van a la mitad de una gran obra llamada el “El dinosaurio” de Augusto Monterroso. Da pena ajena.
Una cosa es la comedia, y otra muy diferente el albur.
El drama no es Televisa y sus telenovelas; que se te caiga el iPhone en la marina o patalear por un capricho no cumplido; el drama lo escribieron Víctor Hugo, Kafka, Tolstoi.
En la antigua Grecia, la tragedia representaba la caída de un gran hombre debido a alguna falla. Hoy, la tragedia es la estulticia: creer que se sabe cuando no se sabe y, aun así, pretender imponer ese desconocimiento. Una verdadera tragedia.
A Jorge F Hernández lo conocí cuando supe que fue pasado por la guillotina de la ignorancia. Sentenciado por ejercer uno de los derechos más fundamentales del hombre: la libre manifestación de sus ideas. Su delito fue decir que defendía la lectura por placer.
A veces el terror de la realidad supera con creces los cuentos de Stephen King o Edgar Allan Poe.
Y aunque todo parezca que el desenlace será fatal, hay que siempre recordar que el principal personaje es uno mismo, que se puede vivir la aventura de escribir el renglón siguiente, con la plena consciencia que no depende de nosotros teclear el punto final.@moralesbeto










