Letras Desnudas
Mario Caballero
El domingo, Cuitláhuac García rindió su sexto y último informe de gobierno. Ante la presencia de los trabajadores de su administración, ya que no invitó a representantes de la sociedad civil, presumió sus logros en materia de seguridad, salud, educación, infraestructura y combate a la pobreza. Y cerró su discurso con una sentencia que lo acompañará hasta la tumba: “dirán lo que quieran, pero dimos resultados”.
Es el colmo del cinismo. Todo mundo conoce que Cuitláhuac es uno de los peores gobernadores de la 4T. Hundió a Veracruz en la ignorancia, la pobreza y la inseguridad. Desde que inició su mandato lo persiguen señalamientos de corrupción, enriquecimiento ilícito, abuso de autoridad y despotismo. En pocas palabras, es y ha sido un mandatario inútil que sólo supo sacar provecho del poder.
Inclusive, 15 horas antes de la presentación de su informe la realidad violenta que vive el estado se encargó de ponerlo en su lugar con el secuestro de dos empresarios en Poza Rica. Días antes, con el rapto de varios policías en Alvarado y su descuartizamiento en Las Choapas; con el hallazgo de cuerpos torturados en Jáltipan e Ixtaczoquitlán y con la desaparición de al menos 14 mujeres desde julio pasado.
Así, con la violencia desbordada en Veracruz, Cuitláhuac dice cínicamente “dirán lo que quieran, pero dimos resultados”.
SIMILITUDES
Esta frase podría enmicarse y ser usada como tarjeta de presentación de políticos corruptos y nefastos. Como Carlos Morales Vázquez, quien grita a los cuatro vientos y exige que le creamos que ha transformado la realidad de Tuxtla Gutiérrez, cuando todos los que habitamos en esta ciudad sabemos que está más empobrecida que hace seis años, además de que con mayor inseguridad, más violencia, más deficiencias en los servicios municipales y con un gobernante que institucionalizó la corrupción, la rapiña y el abuso.
Otro es, sin lugar a dudas, el exauditor superior del estado, José Uriel Estrada Martínez, quien jura haber realizado un gran papel en el combate a la corrupción de los funcionarios públicos, pero en los hechos fomentó y protegió la corrupción.
Son estos políticos gente enferma de poder, que se sienten todopoderosos, intocables, capaces de cometer las peores acciones y vivir impunes; a los que las críticas y los cuestionamientos, vengan de donde vengan, les vale una pura y dos con sal. Creen que la verdad les pertenece. Peor todavía, mienten y lo hacen creyéndose sus propias mentiras, lo cual los hace muy peligrosos.
PELIGRO
No soy quien para darle consejos al gobernador electo Eduardo Ramírez Aguilar, sería como querer enseñarle hacer chiles a Herdez, pero si me permitiera al menos una advertencia le diría que se cuide de algunas cuantas personas, entre ellas –especialmente- Uriel Estrada Martínez, quien hace poco presumió una foto en las redes sociales del encuentro que sostuvo con él.
Empiezo esta advertencia afirmando que el texto con el que Uriel acompañó la foto revela por sí mismo la patraña que envuelve su diputación y su cínica adhesión a la llamada Nueva ERA.
Dice, y trascribo para no deformar el agravio: “Agradezco el haberme podido reunir con el Gobernador Electo de Chiapas, Eduardo Ramírez Aguilar, con quien pudimos conversar ampliamente sobre temas legislativos en beneficio para Chiapas. Que no quepa la menor duda que la nueva ERA continuará impulsando la transformación de nuestra entidad, con acciones sin precedentes que nos enorgullezcan de nuestra cultura y tradición, para que presumamos al mundo nuestra chiapanequidad”.
¿En verdad conversó “ampliamente” de temas legislativos con el futuro gobernador? Lo pregunto porque tengo la sospecha de que su objetivo de reunirse con Eduardo Ramírez fue otro, del cual hablaré en otra colaboración.
Lo que ahora importa es cuestionar su conocimiento en temas legislativos, ya que donde sí ha demostrado pericia es en el campo de la violación a las leyes.
Muestra de ello es la diputación local que obtuvo en el reciente proceso electoral.
De acuerdo con información pública y publicada, falsificó documentos y hasta corrompió a un presunto agente municipal de nombre Manuel López Hernández para que le extendiera una constancia que lo declarara residente del municipio de Simojovel, hablante de la lengua tzotzil y representante en cargos de autoridad tradicional.
Sin embargo, militantes del partido Morena del Distrito 08, conformado por los municipios de Huitiupán, Simojovel, El Bosque, San Andrés Larráinzar, Santiago el Pinar, Chenalhó, Chalchihuitán y Aldama, impugnaron su candidatura ante los tribunales electorales bajo el argumento de que la postulación de Estrada Martínez había sido a través del tráfico de influencias.
Así lo señalaron: “Venimos a denunciar sobre un asunto de que no nos cumplió el derecho que tenemos como indígenas (…). Estamos inconformes que (Estrada Martínez) no estaba en la lista y ahorita ya lo pusieron como candidato local, él estaba como candidato a diputación federal, pero lo que queremos es tener el derecho a tener un candidato indígena que corresponde el Distrito 8 Simojovel”.
Y agregaron: “No es originario, ni lo conocemos. Tampoco vive y no es indígena”.
En menos palabras: Uriel Estrada utilizó sus influencias para obtener la candidatura, presentó documentos y declaraciones falsas para demostrar su identidad indígena y pisoteó los derechos políticos de esta gente que merecía ser representado por un diputado con una auténtica ascendencia en los pueblos originarios.
Ahora bien, no tiene vergüenza al declarar que contribuirá en el impulso de la transformación de nuestra entidad.
En este espacio he tratado de explicar que su único interés por dicha diputación local es el fuero. No le importa legislar a favor de la gente y no le preocupan las necesidades de esos pueblos que ni siquiera conoce. Lo que busca es burlar la justicia. Sobre todo, conociendo que hay denuncias en su contra por los abusos que ejerció durante su desempeño como titular de la Auditoría Superior del Estado.
El Diario de Chiapas ha publicado diferentes reportajes en los que dio cuenta de que Uriel Estrada utilizó el cargo para extorsionar a los presidentes municipales o entablar acuerdos con muchos de ellos para protegerlos de cualquier acción en su contra por irregularidades en la cuenta pública a cambio de obras y/o fuertes sumas dinero en efectivo.
Ahí la principal razón de su enriquecimiento inexplicable, de la mansión que tiene por el rumbo del Club Campestre supuestamente valuada en más de 7 millones de pesos, de las empresas constructoras y los restaurantes, antros y cantinas que tiene en la capital del estado, como La Sonora Botanera, Alebrijes, Montaditos, El Tío Pelayo, La Coneja Cantina Club, El Señor Cantina, entre otros, donde según comentarios corre la venta de drogas.
Para mayor inri, fuentes a este columnista aseguran que esos negocios son utilizados para lavar dinero. Revelan que su hermano Dionicio es el encargado de hacer estas operaciones fraudulentas y enviar después el recurso a Mérida, Yucatán, donde personas ligadas a Uriel Estrada lo invierten en el giro inmobiliario.
Repito: no soy nadie para aconsejar a Eduardo Ramírez. El caso es que debería tener cuidado con Uriel Estrada, cuya sola presencia puede acarrearle desprestigio a su gobierno.










