¿Volvió la inseguridad a Chiapas?

LETRAS DESNUDAS

MARIO CABALLERO

No.

Lo ocurrido en la noche del 18 de septiembre en la colonia Las Granjas de Tuxtla Gutiérrez no es motivo suficiente para creer que hemos vuelto a aquellas horas de incertidumbre que vivimos durante más de la mitad del sexenio anterior, cuando el crimen organizado rebasó a la autoridad y la violencia desgarró cada fibra del tejido social.

Desde luego, fue un episodio terrible y condenable que debemos llamar por su nombre.

EL ATAQUE

Ese viernes, mientras muchos descansábamos en nuestros hogares después de una larga semana de trabajo, un sujeto se aproximó a un grupo de personas, extrajo un arma de fuego y disparó a quemarropa. Acto seguido, huyó en una motocicleta donde un cómplice lo esperaba para escapar.

La agresión tuvo lugar a un costado de un campo de fútbol, donde se desarrollaba un encuentro deportivo.

Tres hombres murieron en el lugar. El cuarto falleció en la madrugada de este jueves tras permanecer seis días en terapia intensiva. Se trata de José Manuel, el menor de edad que cayó en medio del campo con una herida por impacto de bala en la cabeza. Los paramédicos de Protección Civil de Tuxtla Gutiérrez lo encontraron con signos vitales y lo trasladaron al hospital, donde finalmente perdió la vida.

¿Y QUÉ PASÓ?

De acuerdo con lo señalado por el secretario de Seguridad, Óscar Alberto Aparicio, treinta y tres personas han sido detenidas hasta el momento. Entre ellos, Jesús “N” de 21 años, y un menor de edad, quienes son señalados como presuntos autores materiales del ataque.

Las investigaciones también han dado con los autores intelectuales. Tal como lo informó el fiscal general, Jorge Luis Llaven Abarca, señalando a José Luis “N”, alias El Bebé, como líder de una célula delictiva quien habría participado en la planeación del ataque.

Según la versión oficial, José Luis “N” recibió instrucciones de un tal Limber “N”, alias El Hueso, quien dio la orden desde el penal de Ocosingo –donde se encuentra recluido– de generar zozobra en dicha zona de la capital para amedrentar a otros grupos dedicados a la venta de drogas.

Con estas detenciones no hay por qué dudar de lo lejos que quedaron los tiempos de impunidad; hoy la delincuencia se enfrenta con inteligencia y verdadero compromiso.

Para dar con los responsables, las fuerzas de seguridad implementaron operativos en diversos puntos de la colonia Las Granjas y de Tuxtla Gutiérrez, los cuales incluyeron cateos y el aseguramiento de armas y motocicletas utilizadas en la agresión. El monitoreo y análisis de las cámaras de videovigilancia del C5 sirvieron como piezas clave para rastrear los movimientos de los implicados.

Ahora, ante la gravedad de los hechos, la sociedad espera una investigación exhaustiva y un castigo ejemplar para los culpables. Chiapas exige justicia.

TRES COSAS

Pero no confundamos la gimnasia con la magnesia. Ciertamente, este hecho puede calificarse como muy grave, pero no es síntoma de pérdida de control y seguridad.

Comprendamos tres cosas.

Primera. Chiapas ha avanzado mucho en el tema del combate a la inseguridad y el crimen organizado durante la administración de Eduardo Ramírez Aguilar. Colocándose como la segunda entidad más segura del país y la primera en disminuir de manera sostenida los delitos de alto impacto. Lo cual le ha permitido a la entidad impulsar sectores como el turismo y atraer nuevas inversiones nacionales y extranjeras.

Sin embargo, sepamos que en materia de seguridad ningún gobierno del mundo puede cantar victoria. Es imposible asegurar que en su territorio no pasa nada, ni siquiera el más tímido de los asaltos a transeúntes. Ninguna nación por más rica, desarrollada o pacífica que sea puede garantizar la erradicación total de los riesgos, amenazas o delitos dentro de sus fronteras; la seguridad perfecta, simplemente, no existe.

En cambio, sí es posible alcanzar metas definitivas en salud o educación. Por ejemplo, un gobierno puede certificar su sistema de salud, garantizar el funcionamiento total de sus hospitales con personal médico y abasto suficiente, o erradicar el analfabetismo.

Es decir, dicho ataque es el recordatorio más amargo de esta premisa: la violencia siempre encuentra una grieta.

Pero lo favorable de estos nuevos tiempos es que existe voluntad en el gobierno, colaboración interinstitucional y una estrategia que ha recuperado la seguridad y la paz social. Y los datos sobre percepción de seguridad lo demuestran.

Segunda. El ataque de Las Granjas, colonia identificada como uno de los focos rojos de Tuxtla Gutiérrez, está siendo investigado bajo la línea de control territorial del narcomenudeo. Y como se sabe, detrás de este delito hay un monstruo de mil cabezas.

Para dejarlo más claro, recurro a uno de los expertos de mayor prestigio en materia de seguridad en México, Eduardo Guerrero, quien aborda el narcomenudeo no como un delito aislado, sino como el catalizador de una profunda mutación del crimen organizado en México.

Asegura que la violencia crónica que sufren los municipios del país no se explica por el gran tráfico internacional de drogas, sino por las disputas de los territorios locales.

Dice que el narcomenudeo requiere un control estricto de las calles, colonias y esquinas, lo que desata enfrentamientos constantes, ejecuciones y una espiral de violencia urbana sumamente agresiva que eleva las tasas de homicidios en zonas residenciales y comerciales. Y que, para las células delictivas locales, este delito es el principal mecanismo de financiamiento inmediato y supervivencia.

En este caso, Limber “N” ordenó el ataque a través de José Luis “N” para calentar la zona, tratando de intimidar a los grupos rivales, con quienes se disputan la venta de drogas al menudeo.

Estas bandas delictivas utilizan a menores para sus fechorías, pagándoles hasta 15 mil pesos mensuales. El sicario que dejó en el lugar a tres muertos, tres más heridos y le arrebató la vida a José Manuel tenía 17 años, y entre los detenidos hay otro menor identificado con labores de “halconeo”.

Así las cosas.

Tercera. No nos olvidemos de las hordas que están hambrientas de poder: esos grupúsculos antagónicos al gobierno que desearían ver a Chiapas incendiado y que se aprovechan de lo que sea con tal de sacar alguna ganancia.

Esas hordas son las que difundieron en las redes sociales que el estado está de nuevo bajo el dominio del crimen organizado y a merced de la violencia.

CERTEZA

Como hemos visto, no hay tal cosa. Todo lo contrario, la seguridad en Chiapas está bajo control. Prueba de ello es la rápida localización de los homicidas, tanto de los que jalaron el gatillo como de los autores intelectuales.

En una región verdaderamente superada por el crimen organizado, no hay detenciones, ni siquiera investigación de los hechos delictivos.

Nadie debe ser llamado a engaño. La confianza en nuestras autoridades tiene que prevalecer. Pues ya lo dijo el gobernador Eduardo Ramírez en las cuentas de sus redes sociales instantes después del atentado: “Tengan la certeza de que actuaremos con cero impunidad y todo el peso de la ley”. Y eso ha ocurrido.

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