Dr. José Antonio Ramírez Díaz
“… reconocemos que destinar acciones para reducir las tasas de criminalidad no será suficiente, pues éstas no son el único indicador de la seguridad. Por tanto, para construir la paz social que Chiapas tanto necesita nos enfocaremos también en aumentar los niveles de escolarización y alfabetización…”
Eduardo Ramírez Aguilar
Escenarios violentos que hasta hace algunos años representaban las realidades de algunos estados del país (Sinaloa, Sonora, Michoacán, Guerrero, Guanajuato), reflejan cada vez más la cotidianidad de zonas que antaño eran inimaginables. Es la realidad de Chiapas, donde la población observa aterrorizada como parte de su territorio es controlado por el crimen organizado. La posición estratégica de la entidad, le otorga un papel preponderante en las dinámicas y mutaciones de las organizaciones criminales que se disputan ferozmente, rutas, recursos naturales e industrias que van más allá del simple tráfico de estupefacientes y armas.
La heterogenidad social, política y cultural del estado, agrava la compleja situación. Emergen conflictos locales por tierras y el control político de vastas regiones de la geografía estatal, auspiciados por la incorporación de amplios segmentos sociales en situación de vulnerabilidad a las estructuras de la delincuencia organizada, con el propósito de controlar el tránsito de mercancías, servicios, personas, productos legales e ilegales, así como de la propia vida de la población local.
Datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (2024), reflejan que el número de homicidios dolosos para el periodo de los meses de enero a mayo se ha incrementado exponencialmente en los últimos años en Chiapas.

Las cifras nos muestran que desde hace al menos cinco años, Chiapas vive una crisis de seguridad que ha modificado en gran medida la vida de las regiones y los individuos que las habitan. Entre los grupos más vulnerables a esta violencia, se encuentran las mujeres, los migrantes y las personas pertenecientes a pueblos originarios. Si bien es cierto que en estos años han existido impulsos para revertir la situación; también lo es, el que no han estado acompañados por acciones y estrategias integrales para reconstruír el tejido social.
El manual Eduquemos para la Paz en las Escuelas, editado por la Secretaría de Educación Pública a través de la Subsecretaría de Educación Básica, señala: “En nuestra convivencia establecemos acuerdos mínimos, tácitos o explícitos, que nos permiten construir un tejido social, es decir, aquello que tenemos en común, sean intereses y/o necesidades a satisfacer los cuales nos unen e identifican como parte de una comunidad. Este tejido social también podemos romperlo, esto es, podemos deshacer o destruir esas relaciones que nos unían, no solo con las personas sino también con el medio natural que nos rodea. También rompemos el tejido social cuando pasamos por alto los acuerdos establecidos y dejamos de respetarlos, ante esta ruptura se pierden valores y comenzamos a sentir inseguridad y en consecuencia comienza el debilitamiento de la familia o de la comunidad, el debilitamiento o ruptura del tejido social … Cuando el tejido social está roto hay que reconstruirlo, restituirlo o rehabilitarlo…” (SEP:2023).
Eduardo Ramírez, gobernador electo de Chiapas, en el Plan Chiapas Transformador 2024, expone: “… la actual ola de inseguridad que aqueja de forma generalizada al país tiene repercusiones en todos los sectores y territorios. Particularmente en Chiapas, la dinámica de violencia que se ha generado en los últimos años resalta la necesidad urgente de contener y prevenir la delincuencia. El pueblo chiapaneco demanda así la seguridad ciudadana y el acceso a la justicia. Devolver la paz a las familias y hogares de la entidad es una tarea prioritaria, la cual será posible en la medida en que se adopten acciones más allá del uso de la fuerza pública, como las encaminadas a reconstruir el tejido social y fortalecer los valores, por lo que la participación ciudadana y la coordinación interinstitucional resultan fundamentales… “(Ramírez:2024).
La educación puede convertirse en un factor determinante para encontrar soluciones a los diversos conflictos; pero no el único. Se deben impulsar procesos desde una perspectiva mixta, que, a la vez de generar conciencia individual y colectiva, reorienten los valores para disminuír los factores estructurales y coyunturales que generan la violencia; que rescaten las historias y los contextos locales, para generar una formación integral que favorezca el desarrollo socioeconómico de las comunidades. La Política Educativa, debe ser acción pensada y llevada a la práctica para la construcción de un futuro con paz social.
EDUCAR PARA LA PAZ
En la actualidad, la propuesta pedagógica de la Nueva escuela Mexicana (NEM), explícitamente considera la cultura de la paz como uno de los propósitos esenciales de su orientación al estar sustentada en un enfoque integral que incorpora contenidos fundamentales (tolerancia, empatía, resolución pacífica de conflictos, convivencia armónica, respeto, cooperación, etc.) para un desarrollo social alejado de la violencia. Sin embargo, en Chiapas, no se ha considerado una estrategia sistemática que permita su viabilidad y asegure su pertinencia cultural.
“En un tiempo en el que la violencia se cuela y lacera a nuestras comunidades, familias y a nosotros mismos es necesario reflexionar sobre nuestras actitudes como seres humanos y recuperar aquellas que nos posibiliten la convivencia, la aceptación de nuestras diferencias a través de la escucha, del reconocimiento, respeto y aprecio hacia el otro. Sin lugar a duda, un medio para hacerlo es la educación, específicamente la educación para la paz a fin de transformar y contrarrestar las actitudes de odio, desconfianza, venganza, egoísmo, que a veces nos inundan y nos ponen en situaciones que parecieran irreconciliables para transformarlas en relaciones de convivencia donde se priorice la empatía, solidaridad, respeto, tolerancia, diálogo, hacia y en la diversidad.” (SEP:2023).
En este contexto, es necesario que la autoridad educativa estatal, desarrolle una estrategia articulada y sostenida de transformación de los procesos de enseñanza y aprendizaje para contrarrestar la cultura de la violencia que se gesta en los contextos locales.
La educación para la paz, es fundamental para comprender y poder transformar la realidad; su propósito fundamental debe estar orientado a generar una conciencia social y un cambio en los valores para incidir en la erradicación de los factores estructurales y coyunturales que generan la violencia y así construir una cultura de la paz.
Se proponen cinco acciones prioritarias para generar una propuesta que a través de la transformación de los procesos educativos genere una cultura de la paz en Chiapas:
- Realizar un diagnóstico regional contextualizado para focalizar las problemáticas vinculadas con la ausencia de paz de acuerdo a las historias y territorios locales, que permita diseñar contenidos y propuestas de intervención educativa situadas contextual y culturalmente pertinentes.
- Desarrollar un Proyecto Alfabetizador integral con el objeto de establecer condiciones para la paz social a través de la cultura y estructura de la sociedad. Deberá contener mecanismos específicos de evaluación para valorar la suficiencia y pertinencia de la acción alfabetizadora.
- Capacitar y actualizar a las figuras educativas (Jefes de Sector, Supervisores, Directores, Apoyos Técnico Pedagógicos), en metodologías de la gestión sobre la convivencia escolar y comunitaria.
- Transversalizar la formación sostenida en valores y artícularla a los cuatro Campos Formativos que integran el Plan de Estudios 2022, para la Educación Preescolar, Primaria y Secundaria.
- Institucionalizar un proceso permanente de vinculación con Organizaciones de la Sociedad Civil, Medios de Comunicación, Universidades, Autoridades Municipales y Locales, para el apoyo de la propuesta.
La educación para la paz debe partir de la realidad para comprenderla y transformarla. Intentar educar al margen de las condiciones sociales, económicas, políticas y culturales de las comunidades, será una acción poco efectiva.
Es necesario generar procesos de creación de conciencia individual y colectiva a la par de cambios en las estructuras sociales, políticas, económicas y culturales, que permitan reconstruír el tejido social. Establecer las condiciones para un futuro con paz social, es una tarea que debemos empezar ahora mismo.










