Letras Desnudas

Mario Caballero

El pasado fin de semana, Chiapas fue testigo del enorme poderío morenista, el mismo que dejó en ruinas a la oposición en las elecciones del dos de junio.

La crema y nata de Morena se reunió en Tuxtla Gutiérrez, encabezada -por supuesto- por la dirigente nacional Luisa María Alcalde Luján, quien estuvo acompañada por Carolina Rangel y Andrés Manuel López Beltrán, hijo del expresidente López Obrador.

A ese lugar asistieron cientos de militantes que disfrutaron, entre otras cosas, de un espectáculo de danzantes zoques del municipio de Ocozocoautla. Hubo música, algarabía, porras y un ambiente festivo.

En pocas palabras, la asamblea informativa de Morena fue una fiesta en la que el propósito central fue agradecer el apoyo que llevó a la victoria a la presidenta Claudia Sheinbaum, consolidar el mensaje partidista, fortalecer las bases del partido y proclamar los programas sociales de la Cuarta Transformación.

Ciertamente, Morena ha ganado mucho. Desde el dos de octubre de 2011, fecha en que fue constituido como una asociación civil dedicada a impulsar la democracia y la defensa de la soberanía de México, ha logrado el gobierno en 23 estados, así como la mayoría en casi la totalidad de los Congresos locales y tiene el control de la Cámara de Diputados y la de Senadores.

Sin olvidar que este 2024 consiguió mediante una votación histórica un periodo más en la Presidencia de la República, llevando a una mujer a alcanzar por primera vez ese cargo.

En trece años, se convirtió en una maquinaria política imparable y reconfiguró el mapa político del país, donde la participación de los partidos opositores en la toma de decisiones es meramente testimonial.

Morena es lo que es y ha ganado lo que ha ganado gracias a que supo comprender los tiempos, por acercarse a la gente e incluir en su programa político el combate a la pobreza, a la desigualdad social, al hambre, la corrupción y la impunidad.

Asimismo, por devolverle a la ciudadanía las ganas de creer en la política y por plantear un cambio en la vida pública del país de la mano de gobernantes y funcionarios honestos, éticos, responsables, comprometidos con las causas sociales, profesionales y con profunda vocación de servicio.

Por todo ello, le asiste la razón a Alcalde Luján cuando dijo que Morena sigue siendo “un movimiento imparable y la esperanza de México”.

RESPONDIENDO LA PREGUNTA

Pero, ¿por qué Chiapas? Si Morena controla el gobierno de 23 estados, ¿por qué eligió la dirigencia realizar su convención nacional en nuestro estado?

La respuesta es sencilla y se encuentra en Eduardo Ramírez Aguilar, próximo Ejecutivo estatal.

El comiteco es hoy en día uno de los cuadros más importantes de todo Morena, tanto por su influencia en el partido como por su fuerza democrática.

Es indiscutible su liderazgo político. Goza de la cercanía y la confianza de la presidenta Claudia Sheinbaum, a la que le ha refrendado su respaldo en la consolidación del segundo piso de la Cuarta Transformación. Y el respaldo es evidentemente recíproco.

También tiene una relación de respeto y franqueza con los principales líderes del movimiento. Con los que coincide en ideales y objetivos, con los que toma decisiones y construye acuerdos por la unidad y el bien de la militancia.

Sus opiniones influyen en el instituto político y, por lo mismo, en los últimos seis años fue merecedor de grandes responsabilidades. Como ser elegido presidente de la Mesa Directiva y luego de la Junta de Coordinación Política del Senado, donde también fue coordinador de la bancada morenista.

Por otra parte, muy pocos pueden presumir la popularidad, aprobación y arrastre social que lo identifican.

El dos de junio ganó los comicios con un millón 866 mil 190 votos, lo que lo convierte en el gobernador más votado de la historia democrática de Chiapas. Y de acuerdo con las estadísticas, ocho de cada diez electores le dieron su confianza.

Él y su proyecto contribuyeron de manera significativa en el triunfo arrollador de la presidenta Sheinbaum, y otro de los logros de su fortaleza democrática fue haber convertido a Chiapas este 2024 en el principal bastión morenista.

La razón, entonces, de que Morena haya elegido a Chiapas para celebrar su cónclave fue reconocer la trascendencia de Eduardo Ramírez Aguilar: un político de su tiempo que encarna en su persona la lucha por la igualdad, la esperanza de un cambio verdadero, el ánimo por hacer justicia al pueblo y las ganas de vivir con seguridad, oportunidades y prosperidad.

EL MENSAJE

El mensaje que el futuro gobernador de Chiapas pronunció ante la asamblea morenista fue un llamado a la unidad. Les pidió a la dirigencia, a los senadores, diputados y alcaldes a generar ideas y propuestas que vigoricen al partido de cara a las elecciones del 2027.

“Juntos vamos a transformar a todo un pueblo ávido de justicia”, dijo, y aseguró que él seguirá “trabajando bajo el principio de nunca apartarnos del pueblo”.

Eduardo Ramírez ha dado muestras de ser un hombre de gran determinación, importantes decisiones y logros destacables. Por tanto, las expectativas sobre su futura administración son altas.

Los morenistas ya lo han reconocido como un cuadro joven de gran valía al realizar la asamblea en nuestro estado. Dentro de poco, la sociedad chiapaneca entrará de su mano a una Nueva ERA, con un proyecto de gobierno humanista y con calidad moral que buscará mayor seguridad, desarrollo, estabilidad social y desarrollará el programa de alfabetización más trascendental del país.

PARA MAGDALENA

Después del dato que me diste, prima de mis amores, confirmo lo que siempre he pensado: el camino al infierno está lleno de oportunismo.

Es reprobable que mientras todos estamos al aguardo del arranque de la Nueva ERA para Chiapas, donde seguramente se recuperará la seguridad y reestablecerá el Estado de derecho, con nuevas y mejores oportunidades de desarrollo y calidad de vida, haya personajes que miran el nuevo gobierno como un chance de hincarle el diente al presupuesto, desfogar sus frustraciones y de paso salir de pobres.

Es lo que pasa con un político anodino y frívolo como Didier Pinacho Ríos, dueño de la “revista” Dejando Huella y diputado local plurinominal suplente de Morena. Pues mientras más porras le echa al gobernador electo, más abusa del poder que todavía no tiene.

Pinacho desea con todo su corazón salir de la mediocridad, y quiere hacerlo siendo director general del Colegio de Estudios Científicos y Tecnológicos del Estado de Chiapas (Cecytech). Hasta dicen que ya prendió su veladora para recibir el nombramiento, porque no tiene méritos.

Lo que sí tiene son muchas acusaciones en su contra. Por ejemplo, ha sido denunciado por ofrecer en 20 mil pesos los puestos de directores de los planteles del Cecytech. Inclusive, hace alarde de tener muchas influencias en la próxima administración. Por lo cual, hasta ha tenido el descaro de prometer plazas en diferentes organismos gubernamentales. De hecho, a una trabajadora de la Comisión Estatal de Derechos Humanos le aseguró que nada más inicie el gobierno le conseguirá un mejor puesto.

En fin, Didier Pinacho es una suma que resta. Un oportunista. El gobernador Ramírez Aguilar no lo necesita.

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