Letras Desnudas
Mario Caballero
¿Habrá alguien que se atreva a decir que nunca ha tenido o tuvo un buen maestro? No lo creo. Todos alguna vez en nuestra etapa de estudiante tuvimos por lo menos uno bueno, quien tuvo la paciencia y la dedicación para enseñarnos el camino que debíamos seguir para convertirnos en los futuros hombres y mujeres de bien que somos ahora.
Me enorgullece decir que no tuve uno, ni dos, sino varios de esos buenos maestros. Cada uno de ellos contribuyó con sus conocimientos, consejos y hasta reglazos en la espalda a primero anhelar y después concluir una carrera profesional. Espero, si algún día la fortuna me permite toparme con alguno de ellos en la calle, que no se sientan avergonzados de su viejo alumno.
Pero entre todos mis buenos maestros hubo uno al que le sigo guardando un sentimiento especial. Desconozco si todavía se encuentre entre nosotros, pero me referiré a él como si así lo fuera. Se llama Jesús Miranda Ochoa.
Me dio clases en el quinto y sexto año de primaria. Y antes y después de él no conocí a una maestra o maestro con el mismo nivel de vocación. De hecho, renunció al cargo de subdirector para volver a las aulas de clases. Decía que no de vicio había estudiado para ser maestro para finalmente terminar su carrera docente archivando documentos y haciendo gestiones en la Secretaría de Educación.
Por lo mismo, cuando tomó la decisión de volver a dar clases no había un solo salón libre en la escuela donde trabajaba. Así que tuvo que improvisar un salón en el patio de atrás con paredes y techo de láminas de cartón, donde fue mi maestro. Él, junto con el personal de intendencia y varios padres de familia se encargaron de levantar tan digna edificación.
El salón de sexto grado ya fue de material, y él se había encargado personalmente de hacer las gestiones para su construcción. Y no fue uno, sino dos salones los que se realizaron.
Jesús Miranda fue un maestro como ninguno. Ahora debe tener por lo menos veinte o veinticinco años de haberse jubilado. Durante los dos años que estuvo frente a mi grupo siempre fue puntual. Llegaba bien vestido, con los zapatos boleados y oliendo a lociones maderables.
Tenía el concepto bien claro de lo que es la disciplina y la autoridad. Nunca le oí decir una mala palabra, incluso cuando estaba enojado. Los regaños eran duros, pero todos eran acompañados de un buen consejo y ejemplos. Otros maestros, cuando tenían alguna duda respecto a los temas del programa de estudios, recurrían a él. Y entre tres o cuatro de sus estudiantes, casi siempre estuvimos en el cuadro de honor.
PARADIGMAS
Por su calidad moral, su férrea disciplina y su vocación inquebrantable, podría jurar que Jesús Miranda Ochoa jamás hubiera tolerado y menos participado en los actos vandálicos de la CNTE. Si era incapaz de proferir una grosería, lo cual consideraba el lenguaje de los salvajes, verlo con piedras y palo en mano rompiendo los cristales de una tienda de conveniencia o secuestrando camiones de empresas particulares era algo impensable.
El recuerdo de mi viejo profesor creo que a muchos podría hacernos meditar sobre el valor que ha perdido la imagen del maestro en la época actual. Si en el siglo pasado era considerado una gran autoridad en el pueblo, sólo comparable con el sacerdote, en estos días está rebajado a la de un vándalo cualquiera.
No generalizo, por supuesto, pero las recientes protestas de la CNTE han coadyuvado al desprestigio de los educadores.
Por esta razón, debe reconocerse aún más el trabajo y el esfuerzo que ha venido haciendo el dirigente de la Sección 40 del SNTE por recuperar la buena imagen del maestro y la credibilidad de la labor docente, así como por legitimar la acción sindical.
Oved Balderas Tovilla es un maestro curtido en las aulas de clases, que se manchó los dedos de gis, que sabe lo que es ir a enseñar allá donde no hay caminos, ni luz eléctrica, ni agua entubada y a veces la escuela no es más que un techo de palma con paredes hechas con reglas de madera. También es de los pocos líderes magisteriales con una larga trayectoria en el servicio, la gestión y el apoyo al profesorado.
Por lo mismo, ha demostrado que comprende el valor real que debería representar el papel del maestro en tiempos actuales. Pues no es un trabajador más del Estado, sino un agente de transformación, de cambio, un apóstol que nos salva de la ignorancia y un arquitecto que a través del pizarrón construye los cimientos de una mejor sociedad.
Bajo esa visión y entendimiento ha dirigido al magisterio chiapaneco que a diferencia del federal no está en paro, sino se mantiene trabajando, cumpliendo con su deber de educar; no está en las calles protestando, vandalizando, bloqueando carreteras, secuestrando casetas de peaje y afectando el derecho de terceros, sino está donde tiene que estar, en las escuelas, y no está enfrentado con el gobierno, exigiendo prebendas absurdas y caprichos que de aprobarse dañarían de gravedad las finanzas del país, sino está colaborando y participando, con independencia y autonomía, en los diversos programas y estrategias gubernamentales que buscan erradicar el analfabetismo de Chiapas y elevar la calidad educativa.
Por otra parte, Balderas Tovilla ha trabajado por dignificar al profesorado. Hace unos días, anunció que el sector magisterial adherido a la Sección 40 obtuvo un incremento salarial de ocho por ciento que será retroactivo al primero de enero de este año.
Entre otros beneficios alcanzados durante su administración es el otorgamiento de préstamos personales a los agremiados de todas las regiones del estado a través de la Caja de Ahorros y Préstamos. También la entrega de créditos hipotecarios, donde muchos docentes han sido beneficiados con montos de hasta 2.5 millones de pesos. Esto por mencionar algo.
LOS MAESTROS DE LA 40
Hoy en día, los maestros de la Sección 40 gozan de mayores y mejores beneficios, prestaciones y derechos laborales. Lo cual ha contribuido a consolidar la unidad y la estabilidad del gremio, reivindicar la acción y representación sindical y, desde luego, mejorar la imagen del docente.
Tal como están las cosas en nuestro país, con una profunda polarización política, una lucha encarnizada por el poder y la desaparición de las instituciones autónomas, con una economía que nomás no levanta y con frecuentes embates de nuestro principal socio comercial, el camino no es la confrontación del magisterio con el gobierno, sino la concatenación de ideas, proyectos, esfuerzos y talentos, donde la participación del maestro sin lugar a dudas es indispensable.
La educación siempre será un factor clave en el entorno personal, familiar y social, y por ende el maestro es el elemento principal para poner en marcha la maquinaria que promueva el progreso social y económico del país. Por lo menos, en Chiapas, hay un líder y un gremio que sí lo entienden y están haciendo la diferencia.










