Enrique Flores Amastal Ciudad de México
Se aplauden ellos mismos
En este modesto comedor
hay un olor a fritangas,
hay poetas que entonan
cantos,
se mueven, ríen, lucen sus cabelleras
aplauden despacio
como si temieran desbaratarse.
Se aplauden ellos mismos
leen sus mismos poemas,
escritos a principios de su
juventud, añeja ya,
¡Para ellos nada ha cambiado!
El metro corre atestado
de trabajadoras cansadas,
vuelven al sillón hogareño;
hombres que no entienden
la poesía, pero viven la
ciudad,
la habitan.
Me duelen los poemas
huérfanos de poeta
¿Quién perderá el tiempo,
ahora, escribiéndolos?
Algo sagrado
Hay en ti, algo sagrado,
algo que se acerca a lo divino
secreto ancestral no resuelto,
como tu alma que mira en silencio.
Tu sexo, lugar de lo posible,
universo infinito, cóncavo y convexo
incitador de espacios siderales.
Las quimeras son vanas ilusiones
que mueven a mi alma adormecida,
escribo poesía, maldita sea,
aunque duelan tus ausencias.
Debe ser cierto
Debe ser cierto que, en el sueño,
cuando se toma el cuerpo y lo posee,
los ojos permanecen cerrados,
mirando al interior
y, en esa mirada lunar,
emerge tu cuerpo amado,
¡es maravilloso el espacio onírico!
Las pasiones son realidad.
Enrique Flores Amastal










