Parachico, oficio de la memoria
Marco A. Orozco Zuarth [email protected]
Un desfile de manos talladas
en la infancia del viento,
desciende sobre el sol del mediodía.
Máscaras que son rostros heredados,
cada una un gesto aprendido en la casa,
que guarda en sus vetas promesas antiguas.
El aire escribe con pasos
en el mantel de la tarde,
y la fiesta se vuelve río de colores.
El guía, con guitarra de pájaros,
marca el pulso del barrio,
lo ofrece como ofrenda al paso compartido.
Chinchines que viajan sin sombra
por las venas de la tierra,
despertando la memoria.
Rostros de madera que ríen como volcán abierto,
en las calles de Chiapa de Corzo
brota un lenguaje de polvo, sudor y canto.
Danzan los nombres de los santos
en los muros y portales del pueblo,
y en cada esquina la historia vuelve a andar.
Un patrón con vara de mando
ordena el temblor del cuerpo colectivo,
y el movimiento se enciende como promesa.
Cada paso es oficio y temblor,
cada vestido herencia en movimiento
que late al ritmo del pueblo reunido.
Así se sostiene la fiesta viva:
no en el recuerdo quieto,
sino en el cuerpo que vuelve a danzar.
© Marco Antonio Orozco Zuarth










