Krzysztof Sliwa / Atlántico, Barranquilla, Colombia
(Segunda y última entrega)
Siempre quiso llegar a ser capitán de una compañía en Italia
Otro error de algunos expertos cervantinos sin un dato fiable, es que Miguel no sirvió en Chipre. Es hora de leer la documentación, pues es «León de Austria», quien viendo la situación de las galeras de venecianos: «cuan mal en orden están de gente de pelea y marinero» decide el 30 de agosto de 1571 que «embarquen en sus naves 4 mil soldados de Infantería, 2.500 españoles y 2.500 italianos, tropas de los tercios de España, y además refuerza la escuadra para mayor eficacia, como así fue, con las dos galeras Marquesa y Fortuna».
Pese a ello, algunos cervantistas siguen errando y propalan que Cervantes sirvió a bordo de «La Marquesa» del capitán Juan de Maqueda. Esto no es verdad en absoluto. «Esta Marquesa» fue de Nápoles, n.° 6 de las 30 naves de la Escuadra de Socorro o de Reserva, comandada por el almirante y capitán general de las galeras de Nápoles Álvaro de Bazán y Guzmán (1526-1588), y gobernada por el capitán Juan de Simancas el 9 de septiembre de 1572, según la instrucción de Don Juan de Austria.
A aquellos que consideran que Cervantes era inexperto o bisoño durante la batalla de Lepanto, les formularía la siguiente pregunta: ¿por qué el capitán no encomendó el mando de 12 arcabuceros «al magnífico Juan Bautista Villanueva» o a los alféreces Gabriel de Castañeda y Mateo Santisteban, hombres de dilatada experiencia militar? Asevero, pues, que Miguel era al menos cabo mayor de escuadra.
De la misma manera, hay que señalar que en infantería la escuadra suele formarse por 5 o 6 soldados, y en la práctica nunca más de 12, aunque en teoría se asignaba 25 hombres. En suma, Cervantes tenía 12 hombres, o sea, 2 escuadras bajo su mando en Lepanto. Asimismo, se documenta que solo el capitán general de las galeras de España pudo nombrar a los capitanes y a los cabos, por lo que resulta indispensable encontrar el nombramiento de Miguel como cabo antes o durante el servicio en «La Marquesa», realizado por el capitán general de las galeras de Nápoles Sancho Martínez de Leyva (1509-1579), virrey de Navarra.
Con arreglo a las «Ordenanzas de 1531», afirmo que Cervantes fue cabo mayor de escuadra o sargento, jefe inmediato de los arcabuceros, nombrado por el capitán general de las galeras, quien «se hacía cargo de las armas y munición del rey, así como de establecer las guardias, entrenar a los arcabuceros».
Aparte de eso, encuentro oportuno agregar que el cabo de guzmanes, que mandaba la mejor escuadra de la compañía, recibía una ventaja de 2 escudos al mes y, tocante a los sueldos de «nuestro lobo de mar», está acreditado que el 15 de enero de 1572 se le administró una cédula de 20 ducados de ayuda de costa; el 23 de enero, según «el cuaderno de gastos secretos y extraordinarios del señor don Juan de Austria en la jornada de Levante», se le asignaron 20 ducados por las heridas; el 9 de marzo, conforme al Libro 4.º, titulado Diversorum, se suministró en Palermo cédula para el pagador de la armada Juan Morales de Torres de 20 ducados de a 11 reales a Miguel, ayuda de costa para acabar de curarse las heridas; y el 17 de marzo se transmitió recaudo formal al tesorero general de la Armada de varias libranzas sueltas a favor de personas beneméritas de la batalla de Lepanto, entre ellas, una de 22 escudos para Cervantes.
Solo me hace falta preguntar a los expertos y biógrafos cervantistas cómo es posible que un capitán de «La Marquesa» mande a un bisoño, Miguel de Cervantes, liderar a 12 arcabuceros en la batalla de Lepanto. Pese a las fantasías de algunos cervantistas, desde mi punto de vista, es absurdo, una batalla perdida, un suicidio; y estoy seguro de que esta decisión hubiese causado revuelo.
Además de eso, se sabe que el III duque de Sesa Gonzalo Fernández de Córdoba (1520/21-1578) le recompensó a Cervantes con 25 escudos de a 10 reales castellanos como «soldado aventajado», con un sueldo mensual de 3 ducados, acorde con la cuenta del pagador de la Armada Juan Morales de Torres, lo cual sólo se proporcionaba a «personas beneméritas en la batalla de Lepanto», conforme al dato legal del 17 de marzo de 1572, que ha pasado totalmente inadvertido por los expertos cervantinos. ¿Por qué?
Así pues, opino que Miguel recibía los escudos y ducados de ventaja, por haber desempeñado el papel de cabo mayor de escuadra o sargento y por haber sido aventajado, entre otros, en los servicios militares distinguidos y de riesgo, la disciplina, la discreción, el espíritu militar, el heroísmo, la honestidad, la lealtad, el liderazgo, la organización, el respeto a su propia dignidad personal y el amor por «su natural patria».
Para mí, Cervantes fue, es y siempre será héroe de Lepanto, Levante, Argel, Mostagán y Orán, y sin duda era suboficial: cabo mayor o sargento de los Tercios Viejos españoles, cuyo deseo fue obtener el rango de capitán de una compañía, «honroso cargo» con la patente llamada «de conducta» para crear su propia compañía según el alférez Gabriel de Castañeda, quien «leyó las cartas que llevaba Cervantes de Don Juan de Austria, en que lo recomendaba a S.M., para que le diese una compañía de las que se formasen para Italia, por ser hombre de méritos y servicios». Su sueño fue ser designado por Felipe II (1527-1598) para dirigir una compañía, regida según su elección de armas.
Al fin y al cabo, agradezco al excelente y ejemplar teniente de Infantería José Atilano Delgado Mateo, profesor de Táctica e Instrucción y Adiestramiento de Unidades en la Academia de Infantería, en Toledo, por su magnífico servicio militar a nuestra dulce y querida España y por su ejemplar defensa del brillante servicio militar de Miguel de Cervantes Saavedra, para quien Cervantes es uno de sus héroes y para quien Cervantes era sargento de la mejor Infantería del mundo -la mejor máquina militar-, de los invencibles Tercios Viejos españoles durante casi 150 años.
Miguel de Cervantes Saavedra, heroico por Tierra y por Mar, es un diamante y su
brillantez todavía no ha sido descubierta.
«Laus in Excelsis Deo»,
Krzysztof Sliwa










