Una Ventana Literaria

Poeta Jaime Sabines

Un espacio dedicado a la Asociación de Escritores y Poetas Chiapanecos, A.C.

Edgar Colmenares Sol. [email protected]

Jaime Sabines, a cien años de su natalicio, sigue siendo una figura fundamental en la literatura mexicana y universal. Su poesía, caracterizada por su sencillez, profundidad y sensibilidad, ha trascendido generaciones y fronteras. Es uno de los poetas más leídos y recordados por sus letras, su carisma y para aquellos que lo conocieron, una persona sensible con un corazón arraigado a sus raíces que lo vieron nacer.

Sabines, nacido en Chiapas en 1926, se convirtió en uno de los poetas más importantes de México en el siglo XX. Su obra, que abarca temas como el amor, la muerte, la soledad y la condición humana, ha sido traducida a varios idiomas y ha influido en generaciones de escritores; con múltiples reconocimientos, su obra está por todo el mundo, publicado en un sin fin de idiomas que permiten leerlo y sentirlo más de cerca.

Entre sus obras más destacadas se encuentran “Horal” (1950), “La señal” (1951), “Tarumba” (1956) y “Algo sobre la muerte del mayor Sabines” (1973). Esta última, un poema largo y desgarrador, es considerada una de sus obras maestras; la poesía de Sabines es universal porque habla de la condición humana de manera profunda y auténtica. Su lenguaje es sencillo, profundo y basto, Sabines recibió numerosos reconocimientos, incluyendo el Premio Nacional de Lingüística y Literatura en 1983 y el Premio Elías Sourasky. Su legado literario sigue siendo una fuente de inspiración para escritores y lectores de todo el mundo. Su poesía nos recuerda la importancia de la sensibilidad, la autenticidad y la conexión con la condición humana. Su obra es un legado de nuestra historia.

Su poesía

A medianoche, a punto de terminar agosto, pienso con tristeza en las hojas que caen de los calendarios incesantemente. Me siento el árbol de los calendarios. Cada día, hijo mío, que se va para siempre, me deja preguntándome: si es huérfano el que pierde un padre, si es viudo el que ha perdido la esposa, ¿cómo se llama el que pierde un hijo?, ¿cómo, el que pierde el tiempo? Y si yo mismo soy el tiempo, ¿cómo he de llamarme, si me pierdo a mí mismo? El día y la noche, no el lunes ni el martes, ni agosto ni septiembre; el día y la noche son la única medida de nuestra duración. Existir es durar, abrir los ojos y cerrarlos. A estas horas, todas las noches, para siempre, yo soy el que ha perdido el día. (Aunque sienta que, igual que sube la fruta por las ramas del durazno, está subiendo, en el corazón de estas horas, el amanecer).

Poema

Algo sobre la muerte del Mayor Sabines (Fragmento) Parte I.

Déjame reposar, aflojar los músculos del corazón y poner a dormitar el alma para poder hablar, para poder recordar estos días, los más largos del tiempo. Convalecemos de la angustia apenas y estamos débiles, asustadizos, despertando dos o tres veces de nuestro escaso sueño para verte en la noche y saber que respiras. Necesitamos despertar para estar más despiertos en esta pesadilla llena de gentes y de ruidos. Tú eres el tronco invulnerable y nosotros las ramas, por eso es que este hachazo nos sacude. Nunca frente a tu muerte nos paramos a pensar en la muerte, ni te hemos visto nunca sino como la fuerza y la alegría.

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