Madres que escriben el mundo
Un espacio dedicado a la Asociación de Escritores y Poetas Chiapanecos, A.C.
Edgar Colmenares Sol [email protected]
Tuxtla Gutiérrez, Chis. 10 de mayo de 2026. Hay mujeres que acunan hijos con un brazo y con el otro sostienen libros, plumas, expedientes, batas de hospital o el timón de una empresa. Madres que madrugan para preparar el desayuno y, antes de que el sol salga, ya redactaron un informe, bordaron una idea o calmaron una fiebre.
Este 10 de mayo, la Asociación de Escritores y Poetas Chiapanecos (AEPCH) alza la voz y la tinta para celebrarlas: a las mujeres que son madres, pero también escritoras de su propia historia. “Celebramos a la madre que no renuncia a sus sueños por criar, sino que cría desde sus sueños”.
La imagen de la madre abnegada, silenciosa y confinada al hogar, quedó atrás hace décadas. La mujer madre del siglo XXI es profesionista, artista, científica, maestra, campesina, emprendedora. Según datos del INEGI 2025, en Chiapas el 42% de los hogares tiene jefatura femenina y, de ellas, el 68% combina el trabajo remunerado con la crianza. Son mujeres que negocian contratos a las 10 de la mañana y a las 3 de la tarde ayudan con la tarea de los hijos.
La AEPCH celebra a la mujer de la literatura universal, está llena de madres que escribieron desde la trinchera de la cuna. Porque la maternidad no anula la creación: la alimenta, la vuelve más honda, más urgente.
Rosario Castellanos, la chiapaneca universal, lo sabía. Madre, diplomática, catedrática y una de las voces más lúcidas del siglo XX, escribió en Oficio de Tinieblas: “La maternidad es un oficio que no se aprende, sino que se inventa cada día”. Castellanos rompió el mito de la madre perfecta y habló de la culpa, el cansancio y también de la inmensa dicha de ser madre. Su obra sigue siendo faro para miles de mujeres que escriben entre biberones y borradores.
En la literatura universal, las madres escritoras han dejado huella imborrable. Mary Shelley escribió Frankenstein a los 18 años y ya era madre. Gabriela Mistral, sin hijos biológicos, fue madre simbólica de América Latina y Premio Nobel de Literatura 1945; en Ternura, cantó a los niños con una profundidad maternal que conmovió al mundo. Toni Morrison escribió Beloved mientras criaba a dos hijos sola y ganó el Nobel en 1993.
Más cerca, la mexicana Elena Poniatowska ha documentado la vida de mujeres trabajadoras y madres, dándoles voz en Hasta no verte Jesús mío. Hoy, la Asociación de Escritores y Poetas Chiapanecos celebra a esas mujeres que arrullan con canciones de cuna y con versos. A las que corrigen tareas. A las que sostienen con el cuerpo y con la palabra. Porque como escribió Rosario Castellanos: “La risa es el primer testimonio de la libertad”.
Y una madre que ríe, que crea, que nombra, es una mujer libre. Y una mujer libre, educa hijas e hijos libres.
Madres, mujeres, fuertes, poderosas, imprescindibles.










