El Universal Online
Joyce Castillo, Alejandra Ortiz
Junto a largas filas de espera para abordar el metrobús, en la estación Museo de la Ciudad, pasan desapercibidos los restos de Hernán Cortés. En la entrada principal del Templo de la Purísima Concepción y de Jesús Nazareno, en el centro de la CDMX, una persona en situación de calle parece velar los restos del conquistador.
Entre cartones, hojarasca, charcos, olor a orín, desechos de botellas de agua, vasos de unicel y confetti metálico, se encuentra la entrada al templo donde yacen los restos de Cortés. Contrario a la transitada calle de República del Salvador, la misa oficiada contaba con solo diez personas.
En su interior, el templo también luce descuidado; la alfombra roja del pasillo principal luce percudida, a pesar de estar acordonada. Además, una valla de madera impide acercarse a la placa que tiene el nombre del conquistador en letras doradas.
“Aquí está muy abandonado, no sabía que aquí estaban los restos de Hernán Cortés, hasta recientemente”, comenta Jaime Garza, de 55 años. El señor Garza explica que ha viajado y visitado monumentos religiosos, pero están “más cuidados, con mayor atención”. Para él, los restos deben permanecer en el recinto, “siendo el fundador, de alguna manera, de lo que formamos parte el día de hoy; entiendo yo que debería estar aquí”.










