Silvia Ramos Hernández dijo que “no podemos ver los sismos como algo anormal cuando vivimos arriba de tres placas tectónicas

Marco Alvarado / Diario de Chiapas

En Chiapas la preparación y la prevención no son un lujo ni un capricho, sino la frontera que separa la vida de la muerte. Así lo advirtió la investigadora y académica del Instituto de Investigación en Gestión de Riesgos y Cambio Climático (IIGERCC), Silvia Ramos Hernández, durante su intervención en el programa Z Digital.

La especialista recordó que la entidad se encuentra situada sobre la confluencia de tres enormes placas tectónicas que se hunden por cientos de kilómetros mar adentro. Esta condición geológica convierte a Chiapas en una región de altísima sismicidad, donde la acumulación de tensión en el subsuelo es un proceso continuo que puede prolongarse durante años o incluso siglos.

“Debemos entender que lo normal en Chiapas es que tiemble y que, cada cierto tiempo, lo haga con fuerza. No podemos ver los sismos como algo anormal cuando vivimos arriba de tres placas tectónicas de gran magnitud”, enfatizó Ramos Hernández.

Para dimensionar el dinamismo del subsuelo chiapaneco, la académica detalló que la región registra en promedio alrededor de tres mil sismos al año. Aunque la mayoría de estos movimientos resultan imperceptibles para la población, representan una clara muestra de la inmensa cantidad de energía que se libera constantemente bajo nuestros pies a través de desplazamientos de apenas milímetros o centímetros anuales.

La historia respalda esta realidad: tan solo durante el siglo XX, Chiapas fue escenario de 10 sismos con magnitudes superiores a los siete grados.

Ramos Hernández señaló que, al no existir en la actualidad ninguna tecnología capaz de predecir con exactitud cuándo ocurrirá un terremoto, la única defensa real de la sociedad radica en la preparación previa y la responsabilidad colectiva.

En este sentido, hizo un llamado enérgico a respetar los reglamentos y normas de construcción vigentes. Explicó que los estragos observados en eventos recientes en países como Venezuela o Perú, donde se registraron severas imágenes de destrucción, responden en gran medida al incumplimiento de los estándares de edificación segura.

Respecto a la preparación familiar y comunitaria, la especialista subrayó la importancia de tomar con seriedad las medidas básicas de protección, como identificar zonas de menor riesgo dentro de hogares, escuelas y centros de trabajo.

También es importante participar activamente en los simulacros, evitando tomarlos como un juego o una rutina sin sentido.

Y recomendó enfáticamente diseñar planes familiares de protección civil que contemplen rutas de evacuación y puntos de encuentro.

Finalmente, la investigadora recordó que el tiempo geológico opera en escalas muy distintas al tiempo humano.

Las fuerzas acumuladas durante décadas o siglos tarde o temprano se liberan, y aunque eventos recientes han tenido epicentros mar adentro a profundidades que amortiguaron sus daños, la vulnerabilidad futura dependerá exclusivamente de qué tan bien preparados se encuentren los habitantes e inmuebles del estado.

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