Razones
Jorge Fernández Menéndez
La llamada del miércoles pasado de la presidenta Sheinbaum con Donald Trump, la 22 desde que inició su mandato, confirman un cambio muy importante en las negociaciones en torno al TMEC. Según la presidenta esa conversación certificó que «hay avances, pero todavía no hay un acuerdo cerrado» y agregó que se está «haciendo todo lo posible» para «llegar a un acuerdo pronto».
Según la secretaría de Economía, el objetivo de México es reducir los aranceles estadounidenses al acero, aluminio y automóviles, contemplados en la Sección 232 del TMEC. Pero como ya habíamos adelantado aquí, Trump introdujo temas nuevos en la negociación del TMEC, además de los eminentemente comerciales: más y mayores resultados contra el narcoterrorismo que incluyan la detención de los cómplices y beneficiarios políticos de esa trama criminal; reglas de origen automotriz mucho más estrictas y un punto que no está en el centro de los debates públicos pero que es capital: la reducción de contenido chino en equipo de inteligencia artificial (IA) que México exporta a EU.
La negociación del TMEC hace tiempo que dejó de ser exclusivamente comercial. La demanda de mayores avances en la lucha contra los grupos del crimen organizado estuvo presente incluso en el documento presidencial sobre narcotráfico dado a conocer por la Casa Blanca un día antes de la llamada entre ambos mandatarios, en el que entre otros temas se demandó “exponer, arrestar y enjuiciar” a los beneficiarios del crimen organizado, una demanda reiterada en todos los documentos estratégicos de seguridad de la administración Trump.
Incluso temas tangenciales como el acuerdo de colaboración que logró la justicia estadounidense con el operador financiero de Nicolás Maduro, el colombiano nacionalizado venezolano, Alex Saab, exhiben que, como en ese caso, la fiscalía de la Unión Americana está decidida a avanzar judicialmente en los casos en los que esos beneficiarios y cómplices participan directamente de actos de corrupción contra la población. Recordemos que Saab hizo grandes negocios con empresas y el gobierno mexicano, sobre todo a través de Segalmex, que están bajo investigación estadounidense.
Pero el condicionamiento va mucho más allá: el contenido chino en equipo de IA exportado desde México con implicaciones industriales de largo plazo. México se ha consolidado como el principal socio comercial de Estados Unidos en productos de tecnología avanzada e inteligencia artificial, desplazando a China y Taiwán en varios segmentos clave. La relación comercial genera un fuerte superávit mexicano, impulsado por la exportación de equipos de cómputo, servidores, unidades de procesamiento (chips) y componentes electrónicos necesarios para la infraestructura de IA y centros de datos. El superávit comercial en equipos de cómputo e IA, entre enero y abril de 2026 fue de 48 mil millones de dólares.
En el primer semestre de 2026, la IED en componentes electrónicos, equipo de cómputo, comunicación, medición y equipos médicos creció 187.5 por ciento. Las exportaciones de unidades de procesamiento (microprocesadores y chips avanzados) sumaron más de 106 mil millones de dólares exportados en los últimos 12 meses. Las exportaciones incluyen computadoras, servidores, tarjetas electrónicas, cableado, conectores, transformadores, equipos eléctricos y sistemas de enfriamiento para centros de datos. El problema es que el sector tiene una fuerte dependencia de componentes asiáticos, sobre todo chinos
El dato duro es que la tecnología avanzada ya representa más del 30 por ciento de las exportaciones mexicanas a Estados Unidos. Y la reconfiguración de cadenas de suministro favorecen a México como plataforma de producción cercana al mercado estadounidense. Pero es condición prioritaria para Estados Unidos que ese comercio y esa integración de cadenas de producción estén cada vez más alejadas de China. Y nuestra dependencia en ese sentido es muy alta.
No es un tema aislado: es parte de una estrategia global, la más importante para la Unión Americana en la actualidad.
El presidente Trump anunció el sábado 19 de septiembre la creación de una “Fuerza de IA” (AI Force) y el nombramiento próximo de un “zar de la IA” para liderarla. Dijo que su administración “no dificultará ni frenará” el crecimiento de la industria de la IA (una decisión que incluyó en el contexto de la guerra política y cultural con sectores que califica como la izquierda radical) aunque también buscará “identificar y actuar contra usos malos” mediante el sistema de justicia civil y penal ya existente.
Según escribió Trump en su comunicado del sábado, la IA es “la próxima Revolución Industrial”, clave para el crecimiento económico de Estados Unidos, un sector que podría llegar a representar hasta 25 por ciento del PIB estadounidense. Para la Casa Blanca no se puede frenar el desarrollo de la IA por la necesidad de ganarle la carrera a China, y contempla a la IA como una herramienta de competencia de poder global: mantener el liderazgo mediante el control de modelos, chips avanzados y capacidad de cómputo, y evitar que China acceda a lo más avanzado del sector. Y México puede ser el socio idóneo en ese camino.
Esa es la oportunidad y el desafío de nuestro país en términos estratégicos. Reducir la relación con China e integrar con EU las cadenas de producción del sector es clave, estratégico, tanto como romper las cadenas de complicidad política con los narcoterroristas y acabar con sus redes de operación. Porque todo está en el mismo paquete. Allí se definirá mucho del futuro de México.










