32 años sin Armando Duvalier

Luis R. Gordillo

Tuxtla Gutiérrez, Chiapas

Canto de amor a Chiapas

Para don Cesar A. Lara

Quiero ¡oh!, Chiapas decirte mi

homenaje porque llevo tu sangre entre

las venas, en los ojos tu inédito paisaje

y en mi sueño la miel de tus colmenas.

No tengo la poética elocuencia

de las aves que te hablan en su idioma;

mas te doy mis versos de cadencia

que aprendí de tus labios de paloma.

Tu suelo es una nítida esmeralda

vestida con olor de madreselva y llevas

en la frente la guirnalda que hicieron las

orquídeas de tu selva.

¿Quién puso en el relieve de tu mapa

donde florece el corazón del día, una

alfombra de musgo en Cintalapa y un

poeta que dijo tu poesía?

¿Quién pinto sobre tus quetzales

a la hora que en prismas te derramas,

y en el viento, sonoro de cristales,

despliegan sus gallardas oriflamas?

¿Quién no lleva prendida en las retinas

la aligera esmeralda de tus loros, tus

pinares envueltos de resinas y la aurora

en las astas de los toros?

¿Quién olvida la flor de tus celajes

sobre el bosque repleto de murmullos,

y la noche, quemando tus paisajes

con una pirotecnia de cocuyos?

Chiapa de Corzo luce su donaire

con la elegancia de su criolla veste:

una randa de flores en el aire

y la tarde en un fino xicalpeste.

Pichucalco es un búcaro de flores

que destapa en el aire sus redomas,

la jaula de sus pájaros cantores

Y el estuche de azúcar de sus pomas.

Comitán de las Flores, tus mujeres

son una pajarera de alegría,

si con los dardos del amor nos hieres

se endulza de esperanza la poesía.

Tuxtla, indita de encantos hechiceros,

lleva al viento la aurora en sus olanes,

en las noches, aretes de luceros,

y en los labios carmín de flamboyanes.

Tapachula es la tierra prometida

que florecen tus costas fascinantes

y fue una estrella que quedó encendida

en el sueño dorado de Cervantes.

En San Cristóbal de Las Casas arde

El blanco fuego del fervor cristiano;

si viviera Ramón López Velarde

por ti se abriera el corazón ufano.

Las mujeres del verde Villa Flores

son vírgenes de juego azucarado

y sus hombres alegres cantadores

que se juegan la vida en un “volado”.

Montebello es un prisma de colores

donde bebe el crepúsculo su tinta

y en tu selva vibrante de rumores

pasa a galope el bronco Usumacinta.

Fue tu suelo un emporio de cultura

muchos antes que llegara la Conquista;

Palenque no legó su arquitectura

Y Bonampak su corazón de artista.

El amor que murmura su

reproche al pie de enamorada

enredadera lo cantan tus

marimbas en la noche con la miel.

Ere siempre feria, tierra mía,

en el frágil bajel de

nuestra horas, porque hay dos

cascabeles de alegría en los pies

de tus dulces bailadoras.

Y te amo por tu verde geografía

ataviada con frescos sembradíos,

por tus aves envueltas de armonía

y los hilos azules de tus ríos.

Te amo con fe desde tu mar sonoro

hasta tu verde corazón de helecho,

porque te siento como estrella de oro

arder entre los lutos de mi pecho.

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