En voz del autor

Jorge Éver González Domínguez / Chiapa de Corzo, Chiapas

Elsa D. Solórzano

Chiapa, la que nació del dolor de parto que dividió en dos la tierra, para que por esa herida corriera el Grijalva y se llenara de vida. Chiapa, la madre de la ceiba, que abraza el cielo y esconde en sus raíces viejos secretos. La que ostenta la corona de soberana, hecha con ladrillos de mestizaje y luce un reloj que marca el tiempo humano, porque el de la existencia es eterno. Tierra de epopeyas que cuenta la historia: la tenaz defensa de la dignidad de los indios chiapanecas, que prefirieron morir antes que ser esclavos o la heroica lucha contra los invasores imperialistas en la batalla de octubre de 1863.

Chiapa milenaria, de la fe guardiana, con su iglesia y el majestuoso convento de Santo Domingo, blancas paredes perfiladas bajo el cielo azul. Baúl decorado de laca, en el que se conservan  leyendas como la del ave multicolor que se convirtió en vestido o el joven enamorado que salvó la vida antes de sonar el reloj del parque. Espejo de agua donde se contempla la luna, luego de pasearse entre las gradas y las banquetas.

Chiapa hermosa, que inaugura el calendario de festividades en enero, mosaico policromo de flores que adornan sus calles, los vestidos de las mujeres y se adhieren a la laca para hacerse siemprevivas. Alegría de chinchines, flautas y tambores que suenan al ritmo del corazón y el tañer de las campanas. Cielo iluminado por el combate naval. Algarabía de danzas para el chico de doña María, entusiasmo contagioso en el baile de la Fiesta Grande, tan grande, que es Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Chiapa perfumada de flores, que dispersa el viento en alfombras que amortiguan los pasos de transeúntes, viajeros y amantes bajo el sol. Sabores que embriagan los sentidos: fresco pozol de cacao, suspiros, tasajo con pepita y cochito horneado. Pictes y tamales de bola o untados, comidas que son poesía.

Chiapa, cuna de valientes, de liberales, de mentes brillantes y mujeres bellas. Encuentro de los mundos indígena y español, magia en el aire que acaricia las manos, embarcadero de aventuras hacia la inmensidad, sonido de la marimba de don Zeferino haciendo bailar las hojas que caen de la ceiba, un lugar vibrante y maravilloso, que brinda identidad a todo un estado.

Chiapa de Corzo, siempre entrañable y bella.

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