Armando Duvalier: 36 aniversario luctuoso

Romeo Duvalier Peña Román
San Cristóbal de Las Casas, Chiapas
En el dorado Echegaray, Pijijiapan, nació un 26 de agosto de 1914. Los ríos con olor a menta, el silbato del tren, el cantar de los pájaros y el bullicio de trabajadores, era la convivencia de todos los días; andaba libre por los potreros, silbándole y cantándole a la fauna y flora. Era hora de salir de su terruño, se aventuró en el tren al internado de Tapachula, para continuar sus estudios. Ahí fueron sus comienzos en la las letras.
Julio Molina: “Eran aproximadamente las 6:30 de la mañana del 14 de Julio de 1989, en un verano, cuando recibí una llamada telefónica. Con una voz muy melancolía me dijo: ‘Se nos fué Duvalier, vente pronto’. Era Agustín Duvalier, comprendí en ese momento que el gran hombre intelectual, sencillo, honesto, el creador del Museo de La Laca, fomentador y preservador del arte popular de Chiapa de Corzo, el maestro Armando Duvalier, había fallecido. Me fui a su casa del maestro Armando, ubicada en Tuxtla Gutiérrez; al entrar a la vivienda habían muy pocas personas, Agustín me comunicó que ya había llamado a sus hermanos Toño y Armando -ellos vivían en la ciudad de México- y en voz baja me dijo: ‘Ve a despedirte de tu maestro, de tu amigo’.
Hoy, 14 de Julio del 2025, se cumplen 36 años de no estar físicamente entre nosotros; pero su legado está floreciendo cada día más y me refiero a la laca y la elaboración de la máscara de parachicos. El fundador del Museo de La Laca, el que engrandeció el Museo de Antropología de Tuxtla Gutiérrez. Ambas ciudades tienen algo pendiente de lo que hizo por esos pueblos. Gracias a la fundación Armando Duvalier, que fomenta y preservan su legado literario y su trabajo por las artes populares”.
La novia de
Pijijiapan

Compadre: está anocheciendo
y me voy a Pijijiapan,
Que la mujer bienquerida
me está esperando con ansias.

Ensillen bien el caballo
y no olviden la vihuela,
que esta noche
le daré mi corazón de poeta.

Apúrate mi caballo,
apúrate por llegar,
que si caminas despacio
nos vamos a retrasá.

Vuela, vuela “Pabuyego”
no te me pares enfrente;
vuela a decirle a mi novia
que estaré como a las nueve.

El viento llega sonriendo
del corazón de la selva
y el agua de los zanjones
está cuajada de estrellas.
Quise coger un perico
y traje una guacamaya;
el lorito estaba verde
y dejé que madurara.

Las patas de mi caballo
al resbalar en las piedras,
avientan sobre la noche
Fogonazos de luciérnagas.

-Compadre: ¿Venís enfermo
que estás tan descolorido?
-Compadre, me traicionó
la envidia de un mal amigo.

¡Mal haya cuando me fui
al pueblo de Pijijiapan!
¡Con otro se fue mi novia!
¡Con otro se fue la ingrata!…

-Compadre, está amaneciendo
y voy a Mapastepec,
a buscar en las cantinas
remedio para el querer.

Fundación
Armando Duvalier A.C.

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