Rumiando el antaño
Jorge Alberto Rincón Acebo [email protected]
Retomaré la remembranza Tuxtleca del próximo ayer, tan cercano, lejano y diferente. Tuxtla evolucionó de aldea siglo VI A.C. a caserío siglo XVI, luego se transformó en villa surcada por ríos, arroyuelos, cañadas. El 19 de junio de 1768, se transformó en la segunda alcaldía de la provincia de los Chiapas de la capitanía guatemalteca, dependiente del virreinato de la Nueva España.
La ciudad edificada abarcaba de la Cuarta Norte a la Novena Sur y de la Cuarta Oriente a la Cuarta Poniente. Su trazo fue realizado por el agrimensor Secundino Orantes entre 1855-1874, hasta la 9ª. Poniente y 9ª. Oriente. Dichos espacios formaban amplios solares escasamente habitados.
El primer cuadro de la ciudad que fue empedrado, abarcaba de la 4ª. Norte a la 4ª. Sur y de la 4ª. Oriente, a 4ª. Poniente. Totalmente empedradas, el agua corría con la lluvia y se filtraba entre piedra y piedra, y en el arroyo salíamos a hacer barquitos de papel.
Al finalizar la década de los 50s, la mancha urbana se extendía hasta las 11 y 12 Oriente. Al poniente, hasta el Bonampak 15 Poniente. Al norte solo llegaba la Octava Norte en el barrio del Niño de Atocha, fundado en siglo XIX por juchitecos. Las calles con casas terminaban entre la Cuarta y Quinta Norte, predominando las casas de bajareque y piso de tierra. El límite sur fue marcado cuando se construyó el hospital por el Dr. Domingo Chanona, a finales del siglo XIX.
Como todo pueblo conforme se va construyendo, los barrancos se van convirtiendo en zonas cubiertas por escombro, construyéndose encima de ellos.
Sus calles eran poco transitadas. A la mitad de la ciudad corría la Carretera Panamericana, que pasaba por el centro de la ciudad. Hoy, esos tramos conforman la Avenida Central, Boulevard Samuel León Brindis, y Ángel Albino Corzo.
La hoy Avenida Central, entrada la segunda mitad del siglo XX, era la mitad de ancha que en la actualidad. La única transitable con tramos de adoquín, asfalto, hasta iniciar 1960. Sus banquetas eran de piedras lajas. La luz abarcaba escasas manzanas y se introdujo el agua conducida por tubos de plomo (hoy sabemos potencial dañino corporal). Se carecía de drenaje, los desechos eran comida en los paros para aves y cerdos.
Así fue extendiéndose en la periferia lo que hoy es la Quinta Norte Poniente y su prolongación a la zona de lo que se le llegó a llamar parque Madero. Y ahí se ubicó el zoológico, ya reubicado. Jardín Botánico y el Museo Botánico que aún persiste.
Hemos pasado de vivir en casas de caña de maíz, bajaré y adobe, a construcciones de concreto ahogando la tierra, ahora reconocemos que era ecológico.
Continuará…










