El Museo de Antropología y Duvalier


Jorge Alberto Rincón Acebo

La anécdota es la siguiente: en 1965, el Sr. Gobernador Castillo Tielemans tomaba acuerdo con el Secretario de Educación Pública del estado Eliseo Mellanes Castellanos; como de costumbre, el Secretario Particular, Alejandro Rousse, tenía el periódico Excélsior. El articulo principal en primera plana era: “Saqueo de piezas arqueológicas en Chiapas”. ¿Quién pagó el espacio más caro en el periódico más prestigioso de la época?

El gobernador pausadamente expresó al Secretario de Educación: “Dígale usted, que es amigo cercano al maestro: ¿En qué podemos servirle?”. El gobernador instó a Excélsior que se retractara de dicha nota y lo hizo, en segunda plana al siguiente día.

Surge como Museo de Antropología e Historia, durante el tiempo que fue su director Armando Duvalier entre 1950 y 1983. Es el director del INAH que más tiempo duró en su cargo a nivel nacional. El nombre del museo fue sustituido por Museo de Arqueología, actualmente Museo Regional.

La Sala de Arqueología pasó a ser la Sala de Culturas Prehispánicas.

La escultura a la que le denominó Duvalier “Pagre Piegra”, fue descubierta en el ejido Revolución Mexicana, es un relieve antropomórfico olmeca que representa a un gobernante con un objeto ritual y a un personaje arrodillado a sus pies.

¡Así la denominaron sus descubridores y a Duvalier lo inspiró a escribir un relato!

El nuevo museo posee dos salas permanentes: la histórica y culturas prehispánicas, y la de exposiciones temporales.

Antonio Duvalier Haro, hijo de Armando, refiere: “Muchas de las piezas representativas ya existían en el museo en los años 70s. En su mayoría son reproducciones de la original, realizadas en el Museo de Antropología e Historia de la ciudad de México. El material empleado para reducir peso es fibra de vidrio o resina, favoreciendo su manipulación, y evitando su destrucción por aire, polvo, luz o la mano humana, tocadas por curiosidad o para obtener buenas vibras”.

El 12 de diciembre se celebrará la virgen de Guadalupe, la “resplandeciente Tonantzin” (documentada por Fray Servando Teresa de Mier en hacia 1790, costándole encarcelamiento y despojándole de la capacidad de decir misa) prehispánica, adaptada como medio de penetración a la cultura náhuatl.

Las apariciones no fueron descritas por el obispo Zumárraga. El abad de la villa de Guadalupe, Schulemburg, fue acallado al constatar la carencia del reconocimiento de Zumárraga, a quien se relata recibió la tilma de Juan Diego.

Siendo lo innegable, la fe que el pueblo le demuestra, considerándose el mayor ingreso de divisas para el Vaticano. Y fuerza para ser mejores seres humanos, apartados de los pecados, corroborado por la paz cultivada por los católicos.

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