Festejar para preservarse
Jorge Alberto Rincón Acebo [email protected]
La guerra no la ganaron los españoles, sino los pueblos deseosos de liberarse, de dar sus cosas, trabajo y vidas.
Ahora no se hacen sacrificios rituales,
empero
se sacrifica a través
del agotamiento, trabajo.
La esperanza en una vida futura
sirve para
mantener quietos,
calmados, a
quienes no poseen
ni descanso ni aliciente.
Por eso, los caciques nos aliamos con los misioneros y el control es asistir a misa, aparentar ser piadoso y si no lo logras, a la hora de tu muerte los bienes van a la iglesia.
No nos dejan aprender latín, ni nos dejan leer la Biblia.
En el Nuevo Testamento, por lo que cuentan, Jesús no tuvo bienes, ni oropeles y dicen que todos somos hijos del padre. Y agregaría, de la madre.
Provenimos de Adán y Eva, mejor celebremos actos píos, como el de doña María cuando calmó la hambruna con granos traídos de lejos. Y celebremos su presencia en Chiapa de los Indios.
Afuera de la casa de doña María, lugareños y niños se ataviaron con un chamarro ligero, se pusieron monteras confeccionadas con ixtle para simbolizar al sol, y se pintaron la cara semejando a los peninsulares. El más avezado fabricó máscara de madera con barba y bigotes. La pintó con laca.
Así ocultaron la
preparación de los suelos
con la sangre del joven
sustituido por San Sebastián.
¿Ves? Dijo Carlos el presbítero a Antonio, Severiano y doña María.
Nada se pierde, solo se adecúa al momento.
La guerra es necesaria para que la comida ajuste.
Continuará.










