Celebran el Primer Encuentro Mexicano de Haiku

MdeR
León, Guanajuato
León, Guanajuato, fue sede del Primer Encuentro Mexicano de Haiku, un evento sin precedentes que congregó a poetas, estudiosos y entusiastas de esta forma poética japonesa que condensa un instante en tres versos. Las actividades se llevaron a cabo en la Biblioteca Central Wigberto Jiménez Moreno y el Museo de Historia Regional de Guanajuato, espacios que ofrecieron un ambiente propicio para la reflexión, el diálogo y la creación poética.
Convocado por Ángel Acosta y Josué Fernando Morales, el encuentro superó las expectativas, al reunir a participantes de Chiapas, Colima, Yucatán, San Luis Potosí, Tamaulipas, Ciudad de México, Estado de México, Aguascalientes, Michoacán y municipios de Guanajuato. Todos coincidieron en su pasión por el haiku, reafirmando su vigencia y potencia expresiva.
Durante las jornadas se leyeron haikus que abordaron escenas naturales y experiencias íntimas. La Biblioteca Central puso a disposición su acervo especializado en haiku y se organizaron presentaciones editoriales, mesas de lectura, conferencias y talleres. Las mesas temáticas, con títulos como “Las primeras brisas del huracán…”, “Por fin, hoy abrió la magnolia…” o “¿Qué silencio es este que llega tras el canto del zorzal…?”, alternaron lecturas y presentaciones.
Entre las obras presentadas destacaron Los haikus de la flor de cactus, de Áurea Leticia Reza; Cabañuelas arbóreas, de Jesús Gómez Morán (Premio Nacional de Haikus ‘Juana María Naranjo’ 2024); Miradas a la naturaleza, de Esperanza Julia Ayala; y la revista Inexistente, dirigida por Ulises Mendoza y Marco Itzammá Monroy. También se presentaron performances poéticos como Samidare, kigo de verano, de Denise Juárez Laina, y Un kigo de otoño, de María Rita Mata, conocida como “la monarca poética”.
Uno de los momentos más memorables fue el recital bilingüe (español-japonés) a cargo de Coral Chamuari, “Paloma de la Paz”, y José Luis Vidal Ávila, quien complementó su lectura poética con una demostración ceremonial del manejo de la katana, sumando una dimensión simbólica y estética al acto.
Las conferencias ofrecieron profundidad crítica. Jesús Gómez Morán presentó Kibutsuchishi: La propuesta de Seiko Ota para la composición del haiku en español; Marco Antonio Orozco impartió Armando Duvalier: El haiku y las vanguardias en Chiapas; Armando Gómez Villalpando expuso Mi credo sobre el haiku; Augusto Nava Mora presentó Los haikus de La página y su sombra; Francisco Barrios ofreció ¿Cómo interpretar el haiku? en homenaje a Fernando Rodríguez-Izquierdo Gavala; y Ángel Acosta propuso nuevas líneas de estudio con Hacia una kigología en México.
En su intervención, Barrios propuso una lectura crítica de Juan José Tablada como precursor del haiku en México, cuestionando la veneración acrítica y planteando interrogantes clave: ¿Es indispensable la métrica 5-7-5? ¿Cómo se adapta el kigo al contexto latinoamericano? ¿Puede el haiku evocar experiencias pasadas sin perder su esencia?
El encuentro concluyó con una renga -forma tradicional de poesía colectiva japonesa- celebrada en el Salón de las Esculturas del Museo Regional de Guanajuato, donde cada participante aportó un haiku.
El día anterior también se ofreció un taller para niñas y niños.
A cada asistente se le entregó un ejemplar impreso de la Memoria del Primer Encuentro Mexicano de Haiku, y se anunció la elaboración de una memoria especial con las conferencias impartidas.
El evento fue significativo para Chiapas, reconociendo el legado de Armando Duvalier, pionero en vincular el haiku con las vanguardias del siglo XX. Además de revitalizar esta práctica poética en México, el encuentro consolidó una red de escritores comprometidos con una poesía que, desde la brevedad, cultiva belleza, contemplación y resistencia. Los participantes regresaron con proyectos renovados, inspiración y el anhelo común de convertirse en verdaderos haijines.

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