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Cinematógrafo 04

El setentero “Bye Bye Brasil”, un filme maravilloso

Héctor Trejo S.
Ciudad de México
Fanático recalcitrante de la cultura popular brasileña comenzando por su música, eternamente detenido en su literatura (sobre todo Jorge Amado) y recientemente reconciliado con un cine subterráneo, que por estas latitudes solo se consigue por la puntual recomendación de algún fan que sepa ubicar la peli en la red, recién reviví una experiencia simplemente maravillosa al revisar un largometraje en portugués -aunque también se encuentra en Youtube en español- uno de los filmes más complejos, estructuralmente hablando, pero de los más livianos en cuanto a su historia y narrativa, me refiero a “Bye Bye Brasil”, largometraje dirigido por Carlos Diegues.
La cinta es ciertamente setentera en su concepción -aunque presentada al público hasta 1980- contexto y narrativa, desde el principio, nos deja ver un Brasil plagado de carencias, pero lleno de paisajes naturales y tradiciones inmaculadas, al menos hasta el momento en que se filmó esta producción de Lucy Barreto y Bruno Barreto.
La historia, que narra el transitar nacional (en territorio brasileño) de la Caravana Rolidei, integrada por artistas ambulantes, Salomé (Bety Faria), Lorde Cigano (José Wilker) y Andorinha (Príncipe Nabor), comienza su andar en un pequeño poblado, al lado de un caudaloso río, en una provincia llena de pasividad, tan tranquila que el paso del grupo propicia cierto revuelo en la comunidad y la atención de una pareja que está cansada de vivir ahí y quiere viajar con ellos a nuevos destinos.
Ciço (Fábio Junior) y su esposa embarazada Dasdô (Zaira Zambelli) se unen a la Caravana y salen del poblado para vivir una aventura en camino a la Amazonia, por una carretera nueva en ese momento llamada Transamazónica. El objetivo de ese viaje es constatar las historias que han escuchado del lugar, pues les contaron que ahí existe la abundancia de oro y por ende el dinero fácil, al menos eso piensan y por ello deciden ir por él, sin pensarlo ni un minuto.
La historia es espectacular y sobre todo los detalles que le invito a observar, porque si se los cuento, le quitaría toda sorpresa, aunque sí le adelanto que tienen mucho que ver con el mundo circense, incluso me hizo recordar un poco a ciertos aspectos de “El ángel de fuego”, aquella cinta mexicana de 1992, dirigida por dirigida por Dana Rotberg, por la intromisión en la relación de los trabajadores de una caravana, aunque con un contexto diametralmente opuesto.
La música es extraordinaria, diría yo espectacular, con una muestra del talento de Roberto Menescal, un toque de Dominguinho y el fabuloso remate del gran maestro Chico Buarque, que, si no los ha escuchado, amigo lector, le invito a buscar su música en plataformas, le aseguro que le va a sorprender.
La fotografía, realizada por completo en exterior, corrió a cargo de Lauro Escorel Filho y denota un estilo claro de captar las emociones de los personajes en todo momento, incluso en las secuencias que tienen lugar por la noche, cuando la suerte le cambia al grupo.
En suma, se trata de un filme en extremo recomendable, que le invito a disfrutar de principio a fin, recordándole que es una cinta setentera que se estrenó en 1980, por lo que la narrativa va a ser atípica para muchos, pero que vale la pena superar el choque de visiones para deleitarse con un largometraje de grandes dimensiones.
Solo le recuerdo que la imaginación se disfruta más en la oscuridad del cine, así que no deje de asistir a su sala favorita. Para dudas, comentarios o sugerencias escríbame al correo electrónico trejohector@gmail.com o sígame en mis redes sociales “Cinematografo04” en Facebook y Spotify, así como “Cinematgrafo04” (sin la “ó”) en Twitter.

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