Lilia Ma. Calderón/Las Margaritas, Chiapas
Un motivo social es aquel en el cual el objetivo final es aumentar el bienestar del otro, es decir, es aquel comportamiento que tiene como consecuencia el ayudar o beneficiar a otros. En este sentido, la conducta de ayuda se asocia a la emergencia de una emoción, en específico, de un tipo de empatía ante alguna situación.
Al integrar la orientación hacia el emprendimiento social, se puede decir que este tiene como ancla un motivo social, que se conecta tanto a la presencia de cierto patrón de valores, como a la experiencia de un tipo de empatía. Este motivo social puede ser un catalizador del emprendimiento social, aquello que lo activa o hace emerger ante un determinado contexto.
En concreto, sería la presencia de valores de autotrascendencia (universalismo y benevolencia) junto con los de apertura al cambio (autodirección y estimulación), además de la presencia de empatía centrada en el otro y no en el propio malestar, las que activarían la motivación hacia el emprendimiento social.
El emprendedor social se caracteriza por ser normalmente un profesional y líder interesado en desarrollar estrategias de Innovación Social, al que se le deben ofrecer herramientas y mecanismos que le permitan alcanzar su objetivo social. La búsqueda de nuevas salidas profesionales y la identificación de necesidades sociales, han hecho que varios individuos den sentido a su vida profesional adentrándose en el mundo del emprendimiento social, en donde desarrollen su talento, salgan de la zona de confort, siempre con el compromiso social.
El Emprendimiento Social es una conducta de ayuda de mayor complejidad, pues se articula con una trayectoria laboral sostenida. Dicha conducta se desarrolla en el contexto del trabajo y la carrera laboral y se sustenta en la forma en que se vincula con los proyectos y planes personales más centrales. La trayectoria laboral comprende toda la secuencia de posiciones, roles y actividades enlazadas con el empleo con el que se encuentra una persona.
Esto incluye, por tanto, experiencias de trabajo remunerado, voluntariado, trabajo ocasional, experiencias formativas y trabajo doméstico. Así, esta trayectoria laboral deriva en el desarrollo de un patrón de carrera estable en el tiempo que compromete muchas de las decisiones y acciones durante la carrera laboral: la identidad de carrera o autoconcepto laboral. Esta identidad de carrera incluye intereses y aspiraciones, y se construye con base en las experiencias previas de éxito y fracaso y la autoconfianza desarrollada. Al mismo tiempo, estas experiencias dependen de las oportunidades educativas y sociales a las que se está expuesto, las que, a su vez, están condicionadas por los contextos socioculturales en los cuales se está inserto.










