«El milagro de Dios salvó al brillante alférez Rodrigo de Cervantes, de la masacre en Empel».

Krzysztof Sliwa / Barranquilla, Atlántico, Colombia

(Segunda y última entrega)
Desde el lunes 2 de diciembre de 1585 hasta el 8 de diciembre de ese año, la flor del ejército real combatió una flota de cien naves o quizás más de los rebeldes neerlandeses bajo el mando del almirante holandés Felipe de Hohenlohe-Neuenstein (1550-1606). Empero, Bobadilla no fue capaz de navegar hasta Bolduque y el 7 de diciembre llamó a sus capitanes y soldados y les exhortó: «a rezar, para que Dios los librase del espantoso peligro en que estaban, y que puesto que habían fracasado los remedios que habían buscado diligentemente. Por último remedio volviesen todos sus corazones a Dios y le llamasen, para que mirase con sus ojos de misericordia aquellas pobres al más y banderas católicas que habían peleado por defender su santa Iglesia romana.
Mientras tanto, un devoto soldado español estaba haciendo un hoyo para guardarse del mucho frío cerca de la iglesia de Empel, cuando saltó una imagen de la limpísima y pura Concepción de Nuestra Señora, pintada en una tabla. Según cuenta la historia:
«Llévanla pues como en procesión al templo entre las banderas. La adoran pecho por tierra todos: y ruegan a la Madre de los Ejércitos que, pues es la que solo podía hacerlo, quiera librar a sus soldados de aquellas acechanzas de elementos y enemigos: que tenían por prenda de su libertad cercana su imagen entregada piadosamente cuando menos imaginaban y más necesidad tenían, que prosiguiese y llevase a cabo su beneficio. Pusieron la tabla en una pared de la iglesia, frontero de las banderas, y el padre Fray García de Santisteban hizo luego que todos los soldados le dijesen una salve, y lo continuaban muy de ordinario. Este tesoro tan rico que descubrieron debajo de la tierra fue un divino anuncio del bien, que por intercesión de la Virgen María, esperan en su bendito día».
Bobadilla junto a sus capitanes decidieron quemar las banderas del Tercio y hundir la artillería y a la par animó a sus soldados a la lucha encomendándose a la Virgen Inmaculada así: «¡Soldados! El hambre y el frío nos llevan a la derrota, pero la Virgen Inmaculada viene a salvarnos».
El domingo 8 de diciembre de 1585, la artillería de Mansfeld comenzó a batir a la flota enemiga desde poco antes del amanecer con las piezas de Bolduque, mientras tanto «la hermandad de María Inmaculada de Bolduque hizo una procesión solemne para suplicar la ayuda de Dios para los católicos encerados». Los vecinos de Bolduque continuaban sus rogativas y, cuanto más prodigaban sus rezos, más engrosaba el hielo «pareciendo que llevaba helando más de veinte días, y en algunos lugares, el hielo tomó el espesor de dos picas». Dos picas se refieren a la unidad de medida de este nombre 2 x 3,26 metros.
Aquella noche, bajo la luna hizo el frío más fuerte que nunca se vio, los españoles llevaban cubiertas las mechas de los arcabuces y «sufrían muchísimo, pero también la situación se hacía peligrosa para Holac, quien temía que sus barcos quedaran bloqueados por el hielo». Por eso, abandonó la comarca anegada entre Bolduque y Empel para salir a las aguas libres del Mosa a través de la cortadura principal del dique a levante.
Más adelante se supo que los rebeldes habían tenido trescientos muertos y cuando «iban pasando con sus navíos por el río abajo les decían a los españoles en lengua castellana que no era posible sino que Dios fuera español, pues había usado con ellos tan gran milagro, y que nadie en el mundo sino Él por su divina misericordia fuera bastante a liberales del peligro y de sus manos».
A los pocos días de haber logrado la salvación de sus tropas Bobadilla encabezó la formación de una cofradía denominada: «Soldados de la Virgen Concebida sin mancha». Dicha primera cofradía fue seguida por otras similares creadas en otros tercios españoles, donde se hallaban presidios guarnecidos por infantería española.
El «Milagro de Empel» evolucionado el 8 de diciembre de 1585 en un dique cerca de la iglesia entre las cercanías de Bolduque (hoy llamada s-Hertogenbosch) y la pequeña isla holandesa llamada Empel, dio lugar a la salvación de los españoles del ejército del rey y es conocida como: «Het Wonder van Empel».
Desde 1760 la Inmaculada Concepción es patrona y protectora de España y el papa Clemente XIII (1693-1769) proclamó este título en respuesta a la petición de las Cortes de Castilla y de los reyes Carlos III (1759-1788) y Fernando VI (1713-1759). Gracias a la devoción de los tercios españoles, el 26 de julio de 1892, el General Inspector de Infantería solicitó al Ministro de la Guerra que se declarara a la Inmaculada como celestial Patrona de la Infantería Española. La iniciativa fue aceptada y el 13 de noviembre de ese año, S.M. la Reina Regente doña María Cristina de Habsburgo Lorena (1858-1929), declaró mediante Real Orden (D.O. nº. 248): «Patrona del Arma de Infantería a Nuestra Señora la Purísima e Inmaculada Concepción.
Antes de terminar, huelga subrayar que según la documentación auténtica todo indica que el brillante alférez Rodrigo de Cervantes, de la compañía del tercio del maestre de campo Francisco de Bobadilla Arias, participó en la milagrosa batalla de Empel -pese a que el 10 de septiembre de 1585 todavía estuvo en Madrid cuando su hermano Miguel servía de comisario real de abastos de Felipe II para la provisión de la «Grande y Felicísima Armada», de las galeras de España y de las flotas de las Indias en Andalucía- y hubo fallecido heroicamente en la batalla de Nieuwpoort, hoy Bélgica, o mejor dicho, en la primera batalla de las Dunas en Flandes, el 2 de julio de 1600, bajo el mando del maestre de campo Luis del Villar.
Miguel de Cervantes Saavedra, heroico por Tierra y por Mar, es un diamante y su brillantez todavía no ha sido descubierta,
«Laus in Excelsis Deo»,
Krzysztof Sliwa

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