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El orgullo afromexicano comienza por el cabello

Agencias

Durante la trata transatlántica, los cráneos de los esclavos negros eran mapas, las trenzas simulaban caminos, las líneas eran senderos y había elementos únicos para representar montañas, sembradíos y ríos, todo para orquestar una huida exitosa.

Además, el cabello afro era el escondite perfecto para resguardar cualquier tipo de semillas, que después, ya en libertad, podría ser una fuente de alimento.

“En México las personas negras que formamos parte de la diáspora y que nos ubicamos en distintos estados de la República Mexicana, consideramos que nuestro cabello afro es parte de nuestra herencia cultural y llamamos ‘coronas negras’ a los distintos peinados que nos hacemos. Cada peinado tiene una conexión con nuestra historia y reivindican nuestro legado, la memoria es resistencia”, explica Georgina Diédhiou Bello, activista afromexicana desde hace 13 años e integrante de las asociaciones civiles México Negro y Afrodescendencias Mx.

Los rizos de la resistencia

En México hay 2.5 millones de personas afromexicanas que representan el 2% de la población total del país, de acuerdo a la primera encuesta donde se tomó en cuenta a esta población en 2020 elaborada por el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI).

Los afromexicanos no acaban de llegar al continente americano, tienen cinco siglos aquí, pero apenas hace tres años, en 2019, fueron reconocidos en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Estos siglos de invisibilización han traído como consecuencia el desconocimiento y la discriminación.

“El cabello afro y el color de piel son características que nos han relegado por años. Las personas nos ven y dicen ‘qué cabello tan feo, tan esponjado, parece vello púbico, no se bañan, qué desaliñados’, preguntan si es real, si lo pueden tocar y si nos peinamos así por moda”, dice la activista afromexicana Georgina Diédhiou.

De hecho, el cabello de Diédhiou, fue el motivo por el que no obtuvo su primer empleo, “luce poco formal y es desaliñado”, le dijeron.

Ella describe que, los estándares occidentales dicen que lo bonito es claro, rubio y lacio. “Nosotros no encajamos ahí, por eso el cabello afro es un símbolo de resistencia, porque hablamos de resistir frente a todos estos estándares de belleza occidentales que han sido impuestos”.

Y aunque hoy sabemos que los trenzados eran mapas, en México no existe ningún registro, debido a que no ha habido políticas públicas que apoyen la investigación de esta cultura. Nuestro país tiene apenas 40 años de protección y defensa de los derechos de la gente negra.

Todo lo que sabemos viene en su gran mayoría de los sociólogos y antropólogos colombianos, “Linda María Vargas, tiene un libro que se llama Poética del peinado afrocolombiano y ahí habla de estas rutas escapatorias en los tiempos coloniales”, describe.

Pero que no esté escrito no significa que en nuestro país no haya pasado, de hecho para Georgina, existen vestigios de esto en las prácticas del presente, en los cuentos de las abuelas y en un hecho tan natural como que cualquier persona con cabello afro esconde cosas entre sus rizos.

Los peinados no solo eran usados para trazar el camino hacía la libertad, también contenía la información de una persona, en ellos se podía leer la edad, si la mujer era gestante, si tenía hijos y hasta su clase social. (Foto: Diego Álvarez / Tec Review)

Coronas negras

En México es difícil encontrar peluqueros que sepan cortar el cabello afro o que lo sepan peinar. Georgina se corta a sí misma el cabello y ha encontrado solamente dos trenzadoras tradicionales en la Ciudad de México, Tec Review habló con una de ellas.

Verónica Gines aprendió a trenzar desde niña debido a sus raíces indígenas; ella es de la Sierra de Oaxaca. Desde hace 12 años vive de tejer cabellos y aprendió a peinar el cabello afro por azares del destino, dice ella.

“Llegó una chica afromexicana y me preguntó si yo sabía peinar cabello afro, le dije que no, pero podía intentarlo y todo salió muy bien, después de ella siguieron viviendo los afros y no han parado. Les doy confianza por mis raíces indígenas y yo me siento muy honrada de que me dejen tocar sus cabellos”, cuenta.

Gines conoce la importancia histórica, lo ha investigado y cuando le toca peinar a activistas aprovecha para aprender. La sensibilidad que ha adquirido se ve reflejada desde que comienza su trabajo.

Aunque la contratan para peinar, antes de iniciar pide permiso para tocar el cabello de sus clientes, luego, desliza las yemas de sus dedos entre el cabello rizado y traza líneas con unos ganchos finísimos para darle forma a las coronas negras.

Hoy esta trenzadora indígena está haciendo cornrows, un tipo de tejido que va pegado al cráneo. “Este es un peinado muy tradicional, el propio nombre (caminos de maíz, en español), nos habla de su historia, estos eran, en realidad, mapas que los esclavos hacían para escapar de sus amos”.

Otro tipo de peinado que le piden con regularidad son los twist o trenzas de dos. Este trenzado es popular en Estados Unidos y su origen está en Senegal.

En este país africano es un peinado tradicional en varios de los grupos étnicos. “Estados Unidos ha preservado este peinado porque hubo una llegada importante de senegaleses al país”, explica Diédhiou, cuyo padre es de Senegal.

Verónica también hace dreadlock en los que tarda hasta ocho horas, —la gente les suele llamar erróneamente rastas—. Este peinado tiene su origen en Etiopía y llegó primero a Jamaica y de ahí a toda América, explica la activista.

“Es difícil amar algo que no sabes peinar, algo que te causo tanto dolor, que fue motivo de burla, un cabello que tu mamá nunca te peino porque no supo cómo”, dice Georgina Diédhiou Bello, activista afromexicana

Tips para cabello afro

Los peinados no solo eran usados para trazar el camino hacía la libertad, también contenía la información de una persona, en ellos se podía leer la edad, si la mujer era gestante, si tenía hijos y la clase social.

“También usamos turbantes con telas nacionales o telas del continente africano, algunas lisas y otras bordadas que significan diferentes cosas: reconciliación, esperanza, paz”, dice Georgina.

Esta activista ha vivido en carne propia la discriminación por su cabello, “es difícil amar algo que no sabes peinar, algo que te causo tanto dolor, que fue motivo de burla, un cabello que tu mamá nunca te peino porque no supo cómo”, dice.

Así que parte de su labor es rescatar el conocimiento transmitido de generación en generación para que desde niños aprendan a amar su cabello afro. En los talleres se enseña qué tipo de cepillos usar, qué productos y cómo trenzarlo en familia.

Georgina recomienda usar cepillos que combinan la madera y el metal, porque los de plástico se rompen y aceites naturales como el de coco para hidratarlos.

“En los talleres siempre les recomendamos experimentar con la enorme gama de peinados que tenemos para que elijan con el que se sienten más cómodos y les enseñamos a trenzarse entre familias, que el hermano mayor trece al mediano y el mediano al menor”, dice.

“Queremos que desde niños sepan que su cabello es un tema del orgullo y que debemos aprender a amarlo, peinarlos y cuidarlos porque a través de la reivindicamos también hacemos resistencia”, concluye.

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