Chary Gumeta, poeta y promotora cultural
Jorge Éver González Domínguez / Chiapa de Corzo, Chiapas. [email protected]
María del Rosario Velázquez Gumeta. Villaflores, Chiapas. 1962.
Chary Gumeta, después de estudiar en ciudad de México, volvió a Chiapas, a Tuxtla Gutiérrez específicamente, donde inició estudios en la Escuela Normal y Preparatoria del ICACH. Desde niña fue una gran lectora, al volver de la ciudad de México, un tío le habló de los talleres literarios y así fue como inició en los talleres del FONAPAS, fundado por Eraclio Zepeda Ramos, quien tiempo después fue Secretario de Educación y Cultura y Secretario de Gobierno.
Ingresó al taller literario del FONAPAS en 1977, a la edad de 15 años. El taller lo dirigía el poeta Joaquín Vásquez Aguilar. Después de casi un año, Joaquín se fue al teatro de la Conasupo y llegó el Maestro Oscar Oliva Ruiz; posteriormente llegó el Maestro Juan Bañuelos Chanona y luego siguió Víctor Cárdenas, con el que asistió solo tres meses al taller, después de estar casi cuatro años. Aunque ya no asistió a los talleres sabatinos, continuó con la preparación literaria en la universidad, obteniendo herramientas no solo para escribir poesía, sino también para escribir otros géneros.
Las letras y su vida
“Cuando eres joven y te inicias en la poesía, escribes sobre la cotidianidad y cosas insignificantes de adolescentes, hasta reflexionas un poco sobre la vida y tu juventud, conforme pasan los años, te das cuenta que hay contextos más interesantes de los que es importante hablar. Tomas conciencia del mundo que te rodea y empiezas a hacer catarsis sobre tu inconformidad. Te das cuenta que con tu escritura puedes hacer visible las injusticias, incitar a la reflexión y sensibilizar ante hechos injustos que para otros son comunes. Durante diez años escribí poesía testimonial para denunciar situaciones sociales por las que atraviesa México y que poco o nada se habla de esos escenarios. Actualmente creo que se ha generado conciencia sobre la violencia en general por la que atravesamos y se escribe abiertamente en todos los géneros literarios de ello.
Toda persona que se dedique a las letras, debe tener una responsabilidad social. La poesía siempre tiene un objetivo y a través de ella puedo abordar temas sensibles que sirvan para visibilizar y concientizar. La mirada al entorno es importante para escribir, puede generar reflexión. Pienso que la poesía es un catalizador para transformar a la sociedad, puede dar voz a quienes no la tienen, promover la empatía y la compresión. Y el poeta es un agente de cambio, capaz de utilizar su escritura como una herramienta para ese cambio.
Las letras me han dado la oportunidad de expresarme sobre lo que pienso y reflexiono, mientras que otras actividades no me dan esa congruencia. A diferencia de una conversación, que es efímera, la escritura hace que las ideas sean visibles y duraderas, lo que me permite revisar y compartirlas. Al organizar mis pensamientos y plasmarlos en papel, la escritura me ha permitido el análisis y la comprensión de nuevos conceptos. El acto de escribir, principalmente el género literario que yo utilizo -la poesía- me ha servido como una herramienta terapéutica para manejar mis emociones; además, la lectura continua me ha permitido tener un amplio vocabulario y capacidad de comunicar mis ideas de forma más efectiva, cosa que en otras actividades no lo he encontrado”.










