Marco Antonio Orozco Zuarth


Jorge Éver González Domínguez / Chiapa de Corzo, Chiapas. [email protected]

Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. 1963.

Fue director del Centro Cultural de Chiapas “Jaime Sabines” y director de Publicaciones del CONECULTA; presidente de la Asociación Nacional de Cronistas de Ciudades Mexicanas en dos ocasiones.

Fue director general del Instituto Tuxtleco de Arte y Cultura (ITAC) y actualmente es el jefe de la División de Administración de Documentos del Instituto Mexicano del Seguro Social.

 Autor de obras históricas: Síntesis de Chiapas; Chiapas: Independencia y Federación; Geohistoria de Chiapas; Patrimonio Cultural de Chiapas. Coordinador de Tuxtla y sus barrios, y Tuxtla Gutiérrez y su fiesta de San Marcos. El Club Tispas: una vida de amistad, fraternidad y filantropía. El Batallón de voluntarios: Hijos de Tuxtla; vivir. Chiapas: espacio y tiempo, El corrido de la revolución en Chiapas, Fisura. Poesía terapéutica y ¿Qué es la crónica? un legado desde la experiencia, Enheduana-Tonantzin, entre otras.

Ha recibió reconocimientos como: La Rosa de la Paz, por el Ministerio de Cultura de Guatemala; “Medalla Doliente de Hidalgo”, primer lugar nacional en Historiografía, “Presea Internacional Tepuztlacuilolli”.

Su obra como autor ha sido base para la enseñanza-aprendizaje de miles de niños y jóvenes chiapanecos, en cuanto a la formación de nuestra historia y cultura.

Ejerce el periodismo cultural desde hace más de 30 años. El Club Primera Plana le ha otorgado reconocimientos por sus 25 y 30 años por su destacada labor en la crónica y el periodismo cultural.

En el 2023 publicó en coautoría las siguientes obras:

Acervos culturales del IMSS. Un patrimonio sorprendente. Instituto Mexicano del Seguro Social, Ciudad de México, 2023; con la crónica: “Acervos históricos”; Historias Metropolitanas, tomo 5. Universidad Autónoma Metropolitana, 2023; con la crónica: “La Ciudad de México y yo”.

Las letras y su vida

“Escribir me ha permitido comprender lo que me habita y otorgarle forma sin negarlo. La palabra ordena el caos, convierte la intensidad en conciencia y me exige asumir, con responsabilidad, tanto mi experiencia íntima como la memoria que comparto. En ese tránsito, lo que arde deja de ser herida y se transforma en claridad.

Esa convicción fue decisiva en mi proceso de recuperación tras la cirugía de 2023. De aquel umbral nació Fisura y otras obras que vinieron después. En ese renacer despertaron -o quizá se reconciliaron- mis múltiples voces: el yo poético, el cronista, el ensayista y el narrador.

Considero que con este oficio se conquista una forma de plenitud: la posibilidad de vivir con conciencia, de transformar la experiencia en sentido y de habitar cada intensidad con lucidez. Se pierde, acaso, la comodidad de la indiferencia; ya no es posible mirar el mundo sin sentir su gravedad ni transitar la vida sin asumirla plenamente. No se trata de una ganancia económica, sino de algo más hondo y perdurable: la certeza de estar despierto en medio de la propia existencia”.

El compromiso social

“El compromiso social del escritor no consiste en dictar consignas, sino en ejercer conciencia. Radica en mirar con profundidad, nombrar con honestidad y no traicionar la complejidad de lo real. Escribir es negarse a la indiferencia: dar testimonio, resguardar la memoria y abrir espacios de reflexión donde el lector pueda reconocerse, interpelarse y, quizá, transformarse”.

Su aprendizaje

“Mi mayor aprendizaje ha sido entender que la cultura no es protagonismo, sino servicio. Que detrás de cada libro, de cada evento y de cada proyecto existe un tejido humano que sostiene, acompaña y transforma. Permanecer en el ámbito cultural me ha enseñado la humildad de escuchar otras voces, de reconocer talentos distintos al propio y de asumir que la creación solo alcanza su verdadero sentido cuando se comparte y se convierte en comunidad.

Las letras me han otorgado una arquitectura interior. Me enseñaron a pensar con rigor, a sentir con hondura y a expresarme sin evasivas. Han sido para mí una escuela de sensibilidad y conciencia: gracias a ellas comprendí que la palabra no solo comunica, también forja carácter, afina el juicio y orienta el espíritu”.

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