Miguel Ángel Santiago Santiago 


Jorge Éver González Domínguez / Chiapa de Corzo, Chiapas.
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Teopisca, Chiapas, 1983.

Escritor adicto al manojo de hojas desordenadas, una sobre otra, más de aquellas que están llenas de letras. Es combativo y se viste de héroe para ir a salvar la vida al hombre que está de pie frente al espejo.

Ha publicado la novela El viejo maletín de cuco y el libro cuentos Para uno y para cientos. Está enamorado de la señorita de blanco con rayas azules, que se llama hoja y que es su mejor rincón para usar su pluma de diferentes tintas. Miguel, es también juguetón; le quita la ropa a las flores con la mirada para que las primaveras no tarden en llegar y pronto vengan con vestidos nuevos.

Ha participado en diferentes presentaciones literarias con narrativa, que es donde mejor se acomodan sus textos. Sin embargo, también ha leído poesía.

Pertenece a los grupos literarios Frecuencia de Letras y América Madre, filial Tuxtla Gutiérrez. Navega siempre en la corriente del tiempo y no se detiene ni se distrae, simplemente le escribe al amor.

Las letras y su vida

“Escribir me ha servido para salvarme de enfermedades como el estrés. Sin la escritura mi vida yaciera en una prisión de barrotes irrompibles. Con este oficio he ganado un aumento del vocabulario personal que me permite una mejor comunicación social. Toda mi construcción como persona, las letras me han moldeado en una identidad propia y duradera”.

Compromiso social

“Ser escritor es ser como la manzana, deliciosa, rica y seductora, pero responsable de no causar daños cuando las letras escritas en libros sean ingeridas a cucharadas o a porciones lentas por el lector”.

Redes Sociales

“Las redes sociales son el conducto de la promoción directa del arte escrito y la difusión de la lectura”. 

La IA 

“La inteligencia artificial transforma de forma negativa. Nunca una máquina, por muy desarrollada que esté, alcanzará la sensibilidad del alma. Al paso que vamos, los libros serán solamente digitales -posiblemente- y nos dolería a nosotros, las viejas generaciones que crecimos como hormigas acarreando libros dentro de morralitos tejidos por las propias manos de nuestros padres”.

Su futuro

“Me falta escribir más sobre lo que nos duele como sociedad, alzar la voz de una manera linda en la poesía”.

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