César Augusto Ruiz Coutiño
Jorge Ever González / Diario de Chiapas
Presbítero, escritor, hombre de paz.
A veintisiete años de sacerdote, hace una síntesis de su vida ministerial y de la propia.
César Augusto sabe interpretar el mensaje divino y en esta historia de amor y de misericordia que se resume su vida. Ahora como nuevo rector de la catedral metropolitana de San Marcos, siente nuevamente el llamado de Dios, para seguir con su misión.
Principales logros
«En estos primeros 27 años de vida sacerdotal descubro que Dios, en su infinita misericordia, me ha tomado de la mano y me ha conducido por caminos que jamás imaginé recorrer. Él conoce el tiempo oportuno para cada acontecimiento y me ha permitido experimentar que sus tiempos son perfectos.
Uno de los frutos más grandes ha sido aprender a vivir la soledad con Dios mediante la oración, la meditación de su Palabra y la experiencia de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, los cuales he tenido la gracia de realizar en dos ocasiones. Aunque al principio no fue sencillo, poco a poco fui entrando en ese inmenso océano del encuentro con Dios, descubriendo que es Él quien sostiene mi ministerio y da fecundidad a mi entrega pastoral.
También doy gracias porque el Señor me ha permitido colaborar en la evangelización mediante retiros kerigmáticos y diversos procesos pastorales que han ayudado a muchas personas a encontrarse con Cristo y a renovar su vida.
Esto me invita a continuar poniendo a Dios en el centro de mi ministerio, renovando cada día mi disponibilidad para servir con humildad y generosidad».
Fortalezas, límites, heridas y dones
«El camino sacerdotal me ha llevado a confrontarme conmigo mismo. Ha habido momentos en los que he experimentado la fragilidad e incluso he tocado fondo. Sin embargo, esas experiencias me han ayudado a descubrir que cuanto más me conozco, mayores son los retos para enfrentar mi propia realidad con humildad y honestidad.
También he aprendido que, con la ayuda de Dios y el conocimiento personal a través de la guía espiritual de un buen director espiritual, he podido descubrirme en mis fortalezas, y porque no también en aceptar mis propios límites, heridas y debilidades, permitiendo que Dios poco a poco los vaya transformando con su gracia.
Esto me invita a seguir cultivando espacios de silencio y oración y así realizar un buen examen de conciencia y tener un acompañamiento espiritual para no engañarme y así ser más auténtico y tener una profunda libertad de espíritu».
Aprendizaje
«Mi relación con Dios ha madurado especialmente en la oración, meditación de su palabra y en poder aterrizar concretizando en la vida diaria. Es aquí donde cada persona tiene que aprender a poner las bases en su vida, para poder construir y hacer una estructura solida de su propia vida, lo que en un principio era un fastidio con el esfuerzo diario, hoy se ha convertido en una necesidad vital. En la oración he aprendido a escuchar, confiar, esperar y dejarme conducir por el Señor.
Cada destino pastoral ha sido una escuela donde Dios me ha hablado y me ha enseñado que nunca abandona a quien ha llamado. Él siempre permanece presente, incluso en los momentos de mayor dificultad, soledad incluso miedo, porque él ha dicho: “te basta mi gracia”.
He aprendido a cuidar con fidelidad los momentos de oración y mantener vivo el deseo de encontrarme cada día con el Señor, en la eucaristía, es ahí donde permanece presente ahí es donde retomo mis fuerzas para seguir adelante. También he comprendido que el ministerio florece cuando existe comunión con el pueblo y con los agentes de pastoral; de lo contrario, el trabajo se vuelve una carga muy pesada.».
¿Cuáles han sido las experiencias, personas y acontecimientos que más han fortalecido su vocación sacerdotal y el amor por la Iglesia?
«Doy gracias a Dios por el regalo de mi familia. Saber que mis padres y mis hermanos siempre me han acompañado y me han fortalecido en cada parroquia a donde Dios me ha enviado ya que su presencia es un regalo que no tiene precio.
Agradezco igualmente el respaldo de mi obispo y de mi presbiterio de Tuxtla Gutiérrez. Desde el día de mi ordenación experimenté que pertenecía a una nueva familia: la familia sacerdotal, que me da identidad, fortaleza y sentido de comunión.
Asimismo, agradezco profundamente al pueblo de Dios. En cada parroquia he encontrado personas que se han convertido en verdaderos hermanos y colaboradores en la misión evangelizadora. Ellos han compartido conmigo la alegría de anunciar el Evangelio y de acompañar procesos de conversión y crecimiento en la fe».
SEGUIR EN EL CAMINO
«Siento que el Señor me invita a seguir purificando mi corazón, fortaleciendo mi vida espiritual, creciendo en humildad, aprendiendo a soltar aquello que no depende de mí y confiando plenamente en su voluntad.
Esto es una invitación a seguir caminando con un corazón agradecido, permaneciendo fiel a mi vocación a la que he sido llamado, fortaleciendo la comunión con mi Iglesia y renovando cada día mi entrega sacerdotal, para que Cristo siga siendo el verdadero Pastor que conduce mi vida y mi ministerio».
Cesar Augusto Ruiz Coutiño, es licenciado en Misionología, egresado de la Universidad Pontificiana Urbaniana, de Roma, Italia.
Ha sido párroco de: Tapalapa, Reforma, San Fernando, Jaltenango la Paz, Acala, y actualmente rector de la catedral metropolitana de San Marcos de Tuxtla Gutiérrez.










