Camino hacia la vulnerabilidad y/o afrontamiento: desahucio

El concepto de desahucio o, también conocido como lanzamiento judicial, hace referencia a la ejecución forzosa instada por un juzgado, para que una familia abandone su vivienda ante la imposibilidad de hacer frente al pago de la hipoteca o alquiler. Con ello se describe una situación adversa, en la que la amenaza de privación de vivienda para muchas familias, puede suponer el inicio de un camino hacia la vulnerabilidad. Es así como las familias que sufren el desalojo del bien inmueble en el que habitaban en favor de su propietario legítimo, se sitúan a solo un paso del camino a la exclusión social, ya que la ausencia o precariedad en la vivienda, representa la cristalización de la vulnerabilidad.
La Declaración Universal de los Derechos Humanos, incluye la vivienda dentro de los derechos necesarios para poder tener un nivel de vida adecuado. Es algo más que un espacio físico: es un recurso fundamental para el desarrollo de la vida en sociedad, un factor clave de integración social, de formación de hogares, de emancipación y de participación de una persona en su entorno; la vinculación entre crisis financiera y desahucio, se establece a partir de factores que, bien en sí mismos, o bien en combinación (el paro y la deuda hipotecaria), precipitan el proceso de empobrecimiento.
En este sentido, la situación de las personas con desahucios, se relaciona con consecuencias derivadas de crisis económicas de diversas indoles: quizás han perdido su empleo, han visto disminuir su salario, se encuentran inmersos en recortes, expedientes de regulación de empleo o reducciones de horario, dependen de ayudas públicas cada vez más menguadas, se han encontrado con nuevas situaciones biográficas (enfermedad, dependencia, divorcio, etc.) que han incidido en la disminución de su nivel de vida hasta no poder afrontar sus gastos básicos.
Entre estos gastos, la vivienda representa la mayor inversión, fundamentalmente por los contratos hipotecarios que sujetan a personas y familias a un gasto permanente a lo largo de su vida; además del desempleo, dichos procesos se pueden considerar un problema de salud pública. Junto a los efectos sobre la salud mental, este mismo estudio evidencia el deterioro producido en la salud física durante el proceso de desahucio, al incidir de forma directa en los hábitos de salud, tales como horas de sueño, dieta, actividad física e incremento en el consumo de medicamentos y uso de servicios sanitarios. El riesgo de suicidio es otra de las posibles consecuencias derivadas.
Ahora bien, si resulta cierto que existen fuentes de apoyo, las cuales provienen de los familiares y amigos, las instituciones públicas son en México las que se muestran menos presentes en estos procesos. Dejar de tener casa es una de las razones en las que diversos estudios aseguran que la infancia es uno de los sectores más afectados por dicha crisis. A los menores, el tener que abandonar sus hogares les afecta de manera grave en sus derechos fundamentales de educación, salud y protección. Ante una situación adversa determinada -en este caso, verse ante un desahucio- la persona «se rompe», llega a tocar fondo, ya que es una situación inesperada y desfavorable para cualquier ser humano. Sin embargo, tras tomar conciencia de ello, hay quienes son capaces de resurgir y encontrar en dicha situación, nuevas vías y oportunidades por las que avanzar.

Compartir:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *