Algunos referentes sobre el concepto de la ira

Lilia Ma. Calderón / Las Margaritas, Chiapas [email protected]

El término de ira ha tenido múltiples significados en la investigación psicológica, igual que en el lenguaje cotidiano, refiriéndose tanto a sentimientos como a reacciones corporales o fisiológicas, o como a actitudes hacia otras personas. A pesar de todo ello, parece consolidado entender la ira como una de las emociones básicas y así está asumido por la gran mayoría de autores.

Al tratarse de una emoción, el estudio de la ira se ve sujeto a las características que definen las respuestas emocionales y por ello es necesario, antes de definir la ira, reconocer, al menos brevemente, en qué términos se puede conceptualizar y entender una emoción. En este sentido, el afecto, o la estructura afectiva de las emociones se convierte en un elemento fundamental del análisis científico de las mismas.

La dimensión placer-displacer se presenta como una variable básica del afecto, pero también los niveles de activación psicofisiológica juegan un rol importante en el afecto y la emoción. Estas dos dimensiones (placer- displacer) explican que de la activación y/o desactivación del afecto, se derivan consecuencias como la aproximación o la evitación ante estímulos. Las emociones se pueden entender como predisposiciones hacia la acción y, en este sentido, el afecto, que se ha desarrollado a través de procesos de adaptación y selección natural, podría modular esa predisposición hacia la acción, favoreciendo la aproximación o la evitación ante estímulos.

En relación a la estructura afectiva de la emoción de la ira, son varios los autores que coinciden en señalar el alto afecto negativo que ésta posee y, más exactamente, se señala el displacer como uno de los elementos básicos que la componen, considerándose, además del displacer, una tendencia a la activación fisiológica como la otra de sus características afectivas.

Sin embargo, en el estudio de las emociones no se puede obviar otra de las posturas que más investigación ha desarrollado. Esta orientación defiende la existencia de una serie de emociones básicas, asumiendo que estas emociones básicas son innatas, cualitativamente distintas unas de otras y de las cuáles se derivan el resto de las respuestas emocionales. Desde esta perspectiva, la ira es considerada como una emoción básica y asumiendo que el criterio más utilizado de los cinco propuestos para la definición de categorías emocionales básicas es el de poseer una expresión facial característica, es preciso señalar los rasgos faciales que caracterizan a la ira.

Estos son: cejas bajas, contraídas y en disposición oblicua; párpado inferior tensionado; labios tensos o en ademán de gritar; y mirada prominente. La expresión facial de ira ha sido definida con una alta precisión hasta el punto de permitir el desarrollo de una importante línea de investigación en relación a la detección de expresiones emocionales de ira como amenazantes y su procesamiento, a través del paradigma “face-in-the-crowd”.

Compartir:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *