La concepción constructivista del aprendizaje

Lilia Ma. Calderón/Las Margaritas, Chiapas [email protected]

Cuando se asocia el constructivismo con la educación, a menudo se encuentra que el principal problema, es que este enfoque se ha entendido como dejar en libertad a los estudiantes para que aprenden a su propio ritmo; lo cual, muchas veces, de forma implícita sostiene que el docente no se involucra en el proceso, sólo proporciona los insumos; luego, deja que los estudiantes trabajen con el material propuesto y lleguen a sus conclusiones o lo que, algunos docentes denominan como construir el conocimiento.

Esta es una concepción errónea del constructivismo, puesto que este enfoque, lo que plantea en realidad es que existe una interacción entre el docente y los estudiantes, un intercambio dialéctico entre los conocimientos del docente y los del estudiante, de tal forma que se pueda llegar a una síntesis productiva para ambos y, en consecuencia, que los contenidos son revisados para lograr un aprendizaje significativo.

La concepción constructivista del aprendizaje y de la enseñanza, se organiza en torno a tres ideas fundamentales:

– El alumno es el último responsable de su propio proceso de aprendizaje. Es él quien construye el conocimiento y nadie puede sustituirle en esa tarea.

– La actividad mental constructiva, se aplica a contenidos que ya poseen un grado considerable de elaboración, es decir: que es el resultado de un cierto proceso de construcción a nivel social.

– Los alumnos construyen o reconstruyen objetos de conocimiento que, de hecho, están construidos. Los alumnos construyen el sistema de la lengua escrita, pero este sistema ya está elaborado; los alumnos construyen el concepto de tiempo histórico, pero este concepto forma parte del bagaje cultural existente. El hecho de que la actividad constructiva del alumno se aplique a unos contenidos de aprendizaje preexistente, condiciona el papel que está llamado a desempeñar el facilitador. Su función no puede limitarse únicamente a crear las condiciones óptimas para que el alumno despliegue una actividad mental constructiva rica y diversa; el facilitador debe intentar, además, orientar esta actividad con el fin de que la construcción del alumno, se acerque de forma progresiva a lo que significan y representan los contenidos como saberes culturales.

En este sentido, el constructivismo parte de una premisa: en el proceso enseñanza-aprendizaje, el conocimiento no está afuera, sino que es construcción del sujeto y cada sujeto tiene una construcción personal. Así, ningún conocimiento puede considerarse distorsionado o menos correcto, lo cual implica la heterogeneidad del conocimiento y del aprendizaje. De ahí que, sin excluir las posibilidades de las otras corrientes, la constructivista debe contemplarse como necesaria para dar continuidad a los niveles precedentes de estudios. Las aportaciones de la teoría constructivista han pasado a formar parte del acervo pedagógico compartido universalmente y han contribuido a transformar el discurso teórico en educación; la teoría ha sido considerada la manifestación más elaborada y auténtica -cuando no única- de las tesis constructivistas en educación.

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