Separación y/o divorcio: evento traumático
Lilia Ma. Calderón/Las Margaritas, Chiapas [email protected]
El aumento espectacular del número de separaciones y divorcios, parece indicar que es un acontecimiento más dentro de las construcciones familiares. Pero nada más lejos de la realidad. Aun siendo algo cotidiano, la separación matrimonial como ruptura de una relación, ha sido y es considerada como un acontecimiento traumático que va a suponer, necesariamente, un estado de desequilibrio en las personas, sean adultos o niños.
Si las separaciones familiares son difíciles de por sí, se vuelven conflictivas cuando la litigiosidad va más allá de la disolución matrimonial, o bien cuando existe una falta de cooperación en las funciones parentales de cuidado, educación y bienestar de los niños, que se reflejan en las disputas personales y/o judiciales. Además, también lo son cuando por sí mismas provocan un malestar personal, angustia, disconformidad con la realidad vivida y cuando los padres permanecen en una actitud belicosa en la que intentan perjudicar al otro, donde “todo vale” -incluida la manipulación de los hijos- además de aquellas en las que el impacto del proceso de separación afecta de manera negativa a las relaciones entre padres e hijos y cuando se produce una mala adaptación a la ruptura.
Resulta muy difícil determinar cuándo el deterioro de una relación debe terminar en ruptura y hasta qué punto los hijos deben permanecer en un ambiente de disputas y conflictos. Siempre se ha promulgado que una familia mal avenida que permanece intacta, es más perjudicial para los miembros de esta, que un hogar estable en el que los padres se han separado. La decisión de separarse es más difícil cuando existen hijos. Con frecuencia, la decisión de la separación matrimonial está sometida por las características de los hijos y por ello, algunos de los planteamientos más comunes de los padres son: “no nos separamos hasta que los hijos sean más mayores”.
En algunas ocasiones, la separación puede ser la mejor opción, cuando el conflicto entre los padres no puede llegar a solucionarse por más que se intente y cuando el mismo ambiente de convivencia influye en su desarrollo evolutivo, afectivo y en la comunicación interparental.
La separación va a suponer, en la mayor parte de las ocasiones, una crisis en el desarrollo familiar. Va a generar un proceso de cambios y alteraciones e implicará, inevitablemente, una reestructuración familiar, no sólo del núcleo conyugal esposo-esposa sino en mayor medida, de las relaciones entre los hijos con sus padres y con las familias extensas. Esa ruptura conllevará, necesariamente, una nueva definición de los roles familiares, sobre todo de las relaciones paterno-materno-filiales y la forma en la que se produzca esa reestructuración será el predictor fundamental del equilibrio de las nuevas relaciones intrafamiliares.










