La crónica hablará por Chiapas

Cómo era Tuxtla en 1910

Enrique Flores Amastal. Ciudad de México

Recordamos un fragmento de esta nostálgica crónica escrita por el inolvidable Dr.
Fernán Pavía Farrera

En el mes de abril de 1910, familias de Motozintla, Comitán, San Cristóbal, Chiapa y Tuxtla organizaron un viaje en carretas, para llegar a las playas de Puerto Arista y deleitarse con la contemplación del cometa Haley en todo su esplendor. De su corta estancia en Tuxtla, ha quedado una sencilla crónica recogida de testimonio oral.
El primer auto-motor había llegado a Tuxtla, procedente de Jalisco donde lo bajaron del tren, el 16 de febrero. Había traído a don Ramón Rabasa, Gobernador del Estado por la gracia del querido Presidente don Porfirio Díaz y vivía cerca de la Alameda; al ser enterado de la presencia de paisanos que llegaban desde poblaciones tan distantes, salió a saludarlos y abrazarlos acompañado del doctor J. Ponciano Burguete, su médico de cabecera.
Enterado de los propósitos del viaje, les deseó parabienes y lamentó no poder acompañarlos, porque estaba esperando la llegada de un segundo auto-motor comprado por los licenciados Enrique Barroso, Luis Peña y Emiliano Rosales, para establecer la ruta de pasajeros Tuxtla-Comitán, por el mismo camino que los visitantes habían recorrido en carreta.
Además, les dijo que el primer novedoso auto-motor de explosión que gastaba gasolina blanca, lo había trasladado cómodamente desde la Estación Jalisco en el increíble tiempo de seis horas, el 16 de febrero pasado. Así, Chiapas entraría ya a los tiempos modernos del auto transporte para pasajeros, al mismo nivel de adelanto que las grandes capitales en el mundo.
Les invitó para conocer al siguiente día, los interiores del nuevo Palacio de Gobierno, donde las comideras del mercado les sirvieron sustancioso desayuno consistente en huevos revueltos con tomate y cebolla, plátanos fritos, frijoles refritos, queso y mantequilla fresca, sin faltar tortilla del comal, totopostes tostados, café y chocolate en leche; por la noche les ofrecería una serenata de gala, cohetería, música de Banda, profusa iluminación con luz incandescente y un castillo de tres cuerpos confeccionado por los afamados pirotécnicos de Chiapa.

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