Cerrar y renacer
Marco A. Orozco Zuarth /[email protected]
Este año fue un espacio atravesado
con los sentidos despiertos.
Hubo días densos,
horas que exigían más de lo que daban,
y aun así avancé,
porque entendí que la voluntad
también alumbra
cuando no hay señales claras.
Cada paso fue una confirmación silenciosa:
permanezco.
Las dificultades levantaron su forma delante de mí
y aprendí a no embestirlas,
sino a desgastarlas con constancia.
Sostuve la mirada frente al temor
y comprendí que superarlo
no siempre implica vencer,
a veces basta con no ceder
cuando intenta torcerte.
Esa permanencia me trajo hasta aquí.
En el trabajo, el esfuerzo tomó cuerpo.
Los proyectos pidieron tiempo,
arraigo,
decisión.
Crecieron sin estruendo,
como aquello que se afirma
porque no tiene alternativa.
Me reconocí edificando con lo que soy
y celebré cada logro
no como triunfo,
sino como conciencia
de haber cumplido.
El amor fue abrigo sin encierro,
un lugar donde la respiración se vuelve amplia.
Aprendí que estar con otro
no es refugiarse,
sino caminar acompañado
sin renunciar a la propia voz.
Ahí encontré pausa
y una forma serena de confianza.
La alegría no irrumpió:
se filtró.
Apareció en fisuras pequeñas,
persistente,
como aquello que insiste
hasta encontrar su curso.
Hoy emerge porque resistí,
porque no abandoné el trayecto,
porque el dolor no se instaló
cuando elegí seguir.
Miro el año que viene
como quien abre una ventana
sin prisa:
con expectativa
y con cuidado.
Deseo un tiempo respirable,
capaz de dar claridad,
de permitir la construcción
sin sobresaltos innecesarios.
Un tiempo amplio,
lo bastante fuerte
para sostener lo que soñamos.
Pido paz y resguardo
para mi casa,
para quienes amo,
para los afectos visibles
y los que caminan a mi lado
sin saberlo.
Que la vida nos encuentre cerca,
compartiendo trayecto,
reconociéndonos
en la presencia del otro.
Al cerrar este ciclo
siento un renacer discreto.
La experiencia me dio firmeza,
las lecciones, dirección,
los afectos, pertenencia.
Que el año próximo traiga
trabajo que dé fruto,
amor que crezca sin apuro,
oportunidades abiertas como el día,
y la certeza
de que seguimos aquí
para celebrarlo.










