La crónica hablará por Chiapas

La Fiesta de San Marcos en Tuxtla Gutiérrez: Historia, Devoción y Tradición

Marco A. Orozco Zuarth. [email protected]

(Primera de dos entregas)

La devoción de Tuxtla Gutiérrez tiene un rostro antiguo, el de un evangelista que cabalga sobre un león alado. San Marcos, desde 1560, ha sido el nombre y la guía espiritual de esta ciudad que, antes de ser urbe, fue doctrina; antes de la modernidad, un caserío donde los frailes dominicos impusieron la palabra y la fe sobre las voces zoques.

Los dominicos, vestidos con sus túnicas blancas y capas negras, recorrían las polvorientas veredas que comunicaban los caseríos. Rosario en mano, voz pausada, predicaban en la lengua de los nativos, convencidos de que la palabra divina también podía acomodarse en las inflexiones del zoque.

En 1586, Fray Alonso Ponce, un hombre de ojos agudos y pluma inquisitiva, llegó a San Marcos Tuchtla y testificó con un dejo de sorpresa: “…están muy bien doctrinados y enseñados en las cosas de la fe”. El dominio de la fe avanzaba como una procesión inevitable.

El tiempo fue acumulando capas sobre la historia. La doctrina se transformó en parroquia, los registros sacramentales se volvieron costumbre y los zoques, antes impasibles frente a la liturgia, se fueron convirtiendo en fieles feligreses. Pero no solo la fe mutaba; también el paisaje de la ciudad. En 1965, San Marcos Tuxtla dio un nuevo paso en su historia eclesiástica: la parroquia ascendió a Catedral, con el Papa Pablo VI firmando la bula correspondiente. Y con ello, llegó su primer obispo: el Dr. José Trinidad Sepúlveda.

A los pies de la Catedral, el tiempo desfiló con sus avances y modernizaciones. En 1982, el gobierno estatal decidió intervenir la fachada, otorgándole un aire de modernidad que la insertara en el paisaje urbano. Se alzó una torre-campanario, se colocó un reloj musical, y un león alado reclamó su sitio sobre el portón principal. La iconografía de San Marcos quedó grabada en piedra y bronce, testigo de la devoción y del paso inexorable de los años.

Pero si algo puso a San Marcos en el centro de la historia reciente fue la visita de Juan Pablo II en 1990. Aquel 11 de mayo, la ciudad entera se congregó bajo el ardiente sol, esperando la llegada del pontífice. No era la primera vez que el Papa besaba suelos americanos, pero sí la primera que sus pasos resonaban en la Catedral de San Marcos…

CONTINUARÁ

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