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“La noche de Tlatelolco”, de Poniatowska

a ciudad, en la calle de Uruguay, casi esquina con San Juan de Letrán (hoy Eje Central Lázaro Cárdenas), a unas calles de la Torre Latinoamericana.
Antes, vivíamos en la colonia Federal, a un costado del aeropuerto y ahí mismo estudiábamos mi hermana y yo. Una tarde, volviendo a casa después de clases, un grupo de estudiantes tomó por asalto el camión, nos bajaron a todos los pasajeros y le prendieron fuego a la unidad.
El temple de mi hermana fue prodigioso: apenas teníamos unos pocos días de habernos cambiado, pero sus ojos se posaron en la majestuosa figura de la Torre Latinoamericana y hacia ella encaminó nuestros pasos, en una época en que a la ciudad aún se le podía llamar ‘La región más transparente’.
No tengo idea del punto exacto en que fuimos bajados del camión, pero recuerdo con total claridad que caminamos mucho, mucho. Y ambos éramos todavía, unos niños. Finalmente llegamos a casa, guiados por ese faro que resultó ser la Latino (nombre coloquial con que se conoce a la famosa Torre). Ya era muy tarde y en casa la preocupación era grande.
Unos años después, siendo ya un adolescente y estudiando la secundaria (1973), mi papá compró un pequeño libro que llamó mi atención: “La noche de Tlatelolco”, escrito en 1971 por la reconocida periodista Elena Poniatowska. Fue uno de los primeros libros que leí de principio a fin.
Me impresionó mucho porque presenta relatos de muchas de las personas que les tocó vivir ese terrible episodio, narrando directamente su propia experiencia. Removió mis recuerdos infantiles, no muy lejanos para entonces, pero que empezaron a tomar sentido, brindándome una explicación de lo que no entendí cuando tenía ocho años.
Elenita entrevistó a estudiantes, a líderes del movimiento, a pueblo de a pié que se vio inmerso en aquel movimiento, a vecinos de la Unidad Tlatelolco, cuyos departamentos fueron invadidos ya por gente aterrorizada huyendo de la balacera, ya por policías o militares que buscaban a jóvenes, hubieran participado o no en el mitin.
En las páginas de “La noche de Tlatelolco”, aprendí que en aquellos días, ser joven era un delito. Y ser estudiante, un crimen. Son tan vívidos los relatos, que se puede experimentar la angustia, el dolor o la indignación de los entrevistados.
Han pasado 54 años de esos hechos. Y, tal como reza la consigna: 2 de octubre no se olvida.
Hoy, es mi deseo recomendar la lectura de uno de los libros más reconocidos sobre el tema. La voz de Elena Poniatowska, es sin duda una voz autorizada. A 54 años de distancia, se conoce mucha más información de lo que sucedió en la Plaza de las Tres Culturas, Se han revelado nuevos documentos y han salido a la luz pública más nombres de autoridades civiles y militares que perpetraron tan terrible crimen de estado.
Pero la primera voz que se alzó, fue la de Elenita. Debidamente documentada, ferozmente dedicada a obtener luz sobre lo que realmente sucedió.
Haga un viaje en el tiempo y vaya al momento exacto de los hechos. Lea “La noche de Tlatelolco”. En menos de 300 páginas conocerá lo desgarrador de este episodio que marcó al México de hoy. Desde grupos tan polarizados como el Comité Nacional de Huelga o el Batallón Olimpia con su guante blanco en la mano izquierda, hasta gente que solo le tocó estar en el momento exacto, en el lugar equivocado.
Elena Poniatowska, de princesa polaca a periodista y escritora mexicana, sumamente respetada. Ella no me conoce, pero yo le agradezco que con su pluma, tocara fibras en mi interior que con el tiempo, me llevaron a aficionarme a la lectura, como dice la canción ‘cuando apenas era un jovencito’.
Y concluyo repitiendo una de las frases más cargadas de verdad que he conocido en mi vida:
2 de octubre ¡no se olvida!

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