Los botes de yogur guardan el surrealismo mexicano

Entonces, escribo/Damaris Disner

En teoría debo escribir mi columna de los miércoles con anterioridad, pero casi siempre lo hago los martes, después del Laboratorio Lúdico Literario que comparto con niñas que les encanta explorar su creatividad y escribir; casi al cierre de edición.

Don Fermín, el subdirector, que por cierto cumple años mientras yo escribo un poco a destiempo, me tiene paciencia. Fue mi jefe en otro rotativo, hace años y admiraba su semblante zen mientras se escuchaban los teclazos en la sala de redacción. O los flachazos, si había entrevista.

Y tal vez el recuerdo de esa adrenalina hace que recurra a menudo a ella para escribir el texto de los miércoles. A la par que escribo, también escucho una entrevista en directo al poeta y artista visual Luis Enrike Moscoso, justo ahora comenta su proceso de escritor, que aunque el mundo explote alrededor, él puede hacerlo.

El poder de abstracción, a mí no se me da del todo, pero siempre he admirado la capacidad de la orfebrería en las palabras, hilvanar conceptos que parecen tan lejanos. En este andamiaje, mientras las mamás de las niñas y yo, escuchábamos el trabajo realizado, comíamos palomitas que la mamá de Elisa nos invitó. Ya era la hora de la despedida, así que sugirieron buscara un recipiente para quedarme con algunas palomitas para justo saborearlas mientras escribiera mi texto.

Fui por mi bote de yogur vacío para llenarlo. Y claro, al aparecerme desde la cocina, suscitó comentarios, recuerdos, porque estos botes son característicos de nuestra cultura mexicana. Recordé un meme que decía más o menos así “El único país donde el bote de yogur guarda todo, menos yogur”.

Podemos atesorar el platillo favorito de la abuela, la cena especial, el postre que se degustará toda la semana, ser utilizado para hacer hielo o incluso, olvidemos lo guardado en el refrigerador, sirve para almacenar estambres, hacer macetas, incluso, una amiga guarda cantidades fuertes de dinero para trasladarlo y hacer depósitos o pagos.

Un bote de yogur también puede resguardar sueños, poemas, fotos y hasta un pedazo de nube si el recuerdo habita en la infancia.

La foto que ilustra el texto es de la autoría de Elisa Alcaraz Salazar, una niña de 10 años, que en sus exploraciones artísticas reúne las mariposas del mundo y en sus aleteos despierta la belleza del asombro.

Contacto: [email protected]

Compartir:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *